viernes, 5 de agosto de 2011

Capitulo 2



Vanessa se paró en seco en la acera al tiempo que dejaba escapar una maldición al darse cuenta de que se había dejado la chaqueta en la sala de subastas.
Estuvo a punto de dar media vuelta, pero vaciló. ¿Qué más daba que se tratara de una chaqueta de Valentino y que perteneciera a su abuela? ¿Qué más daba que el cielo fuera a desplomarse sobre ella y no llevara más que un vestidito negro? Debía haber vuelto a casa hacía horas. Miles siempre llamaba para asegurarse de que había regresado y si no era así, se preocupaba. Así que lo mejor
Permaneció inmóvil, irritada consigo misma porque en el fondo sabía que su resistencia a volver a la sala se debía a que le faltaba valor. Así que alzó la barbilla y deshizo los pasos con la garganta atenazada por la frustración. Afortunadamente, ya no lloraba. Era otra de las cosas que había dejado de hacer.
Sin embargo, no podía negar que sus emociones la habían superado aquella tarde, y todo a causa de la mirada de un hombre. Sólo recordarla le ponía la piel de gallina. Aquella mirada le había hecho sentir más viva que los mortecinos cinco meses anteriores juntos. La vida le había resultado de nuevo un lugar lleno de posibilidades.
Cerró los ojos para pensar en la playa tropical, pero sus párpados proyectaron la imagen de unos profundos ojos azules y de una sensual boca. Dejando escapar una exclamación de impaciencia, abrió los ojos, pero la imagen, en lugar de borrarse, se volvió real.
¿Intentas recordar dónde has dejado esto? —el hombre de la subasta estaba a unos pasos de ella; sonreía con sorna al tiempo que le tendía la chaqueta.
Vanessa sintió que las mejillas le ardían, pero ocultó su turbación tras una gélida sonrisa.
—Así que además de quitarme mi cuadro quieres quitarme la ropa dijo en tono sarcástico.
El hombre rió.
—Depende, ¿ibas a quitarte algo más?
Vanessa sintió el deseo recorrerla de arriba abajo y perdió el aplomo. Abrió la boca, pero no logró articular palabra. Tenía que concentrarse, recordar que no debía dar una respuesta impulsiva, pensar en playas de arena blanca
Tragó saliva y con ella arrastró las espantosas palabras que acudieron a su boca. Sonrió con frialdad:
Claro que no. Gracias por recoger la chaqueta. Si no te importa, tengo prisa y
Dio media vuelta para marcharse, pero él la sujetó por el brazo. En cuanto sus dedos se cerraron sobre su piel. Vane sintió una sacudida eléctrica que reverberó por todo su cuerpo.
—Espera dijo él con voz queda. ¿Qué has querido decir al referirte al cuadro como tu cuadro?
Vanessa miró al suelo en tensión.
—Ha sido una tontería. Lo siento, es tuyo.
—Pero estás enfadada.
Vanessa no respondió. Aun en medio de una calle de tráfico ensordecedor, su voz resultaba perturbadoramente íntima. El hombre se colocó de frente a ella. Su pecho formaba una pared sólida, ancha, real. Su mano seguía sujetándola, y Nessa no sentía el menor deseo de soltarse.
Tenías mucho empeño en conseguirlo dijo él.
Sí —susurró ella.
¿Por qué?
—Es bonito —dijo Bella con fingida indiferencia.
—¿Bonito? —Zac le soltó el brazo y dio un paso atrás—. ¡No tiene nada de bonito!
¿Disculpa?
Zac la miró con curiosidad. De cerca tenía el tipo de belleza perfecta que le dejaba indiferente. En la sala de subastas había creído percibir algo salvaje y apasionado en ella que había despertado su curiosidad y su deseo, pero en aquel momento supo que se había equivocado. No era más que la belleza convencional de alguien con dinero.
—No hace falta ser un especialista en arte para saber que es basura dijo con crudeza. No vale ni un cuarto de lo que he pagado.
Aquello acabó por enfurecer a Vanessa.
—¿Y por qué lo has hecho? ¿Por qué no me has dejado comprarlo? Para mí no tiene valor material, sino sentimental.
¿Qué quieres decir?
Vanessa alzó la barbilla.
Mí abuela pasó la infancia en esa casa. Esa es la razón de que lo quisiera.
Se había levantado una suave brisa y empezaban a caer las primeras gotas de lluvia sobre el pavimento. El mundo parecía haberse detenido bruscamente. Zac sintió el impulso de buscar un punto de apoyo al sentir que su férreo dominio de sí mismo lo abandona por un instante. Suspiró profundamente y esbozó una blanda sonrisa, como una grieta abriéndose en un lago helado.
¿De verdad? ¿Y cómo te llamas?
—Vanessa Hudgens
Hudgens. Oír el nombre fue como recibir una dosis de adrenalina, a un tiempo doloroso y excitante. Estudió el rostro de Vanessa.
¡Qué coincidencia que hayas encontrado ese cuadro! Debías estar como loca.
Si notó el sarcasmo en su tono. Vanessa lo disimuló.
—Así es dijo con dulzura, especialmente porque mañana es su cumpleaños y era el regalo perfecto —le dedicó una acida sonrisa—. No contaba con que un millonario especulador estuviera dispuesto a pagar una suma absurda por él.
¿Un millonario especulador? Lo estaba subestimando y, dado que era una Hudgens, la ofensa resultaba aún mayor.
Vanessa hizo ademán de marcharse, pero Zac no tenía la menor intención de dejarla marchar.
¿Qué le hace pensar que soy un millonario especulador?
Ella se volvió y lo miró de arriba abajo.
El traje, los zapatos, la arrogancia. ¿Me equivoco?
No del todo sin apartar los ojos de ella, Zac señaló un Bertley verde oscuro que se aproximaba—. ¿Puedo llevarle a algún sitio?
Vanessa alzó las cejas.
Así que eres mitad millonario mitad mago. ¿Qué más sabes hacer?
Él le dedicó una sonrisa letal.
—Mis virtudes, mademoiselle, son demasiado numerosas como para ser enumeradas cuando corremos el riesgo de empaparnos, pero si entras en el coche, estaré encantado de informarte.
Abrió la puerta del coche y se echó atrás para dejarle entrar. La lluvia arreciaba, pero Vanessa no se movió.
No, gracias dijo educadamente. No creo que sea una buena idea.
Está bien —Zac tamborileó los dedos con impaciencia sobre el techo del coche—. Escucha, has dicho que tenías prisa. ¿Por qué no tomas mi coche prestado? Mi oficina está a la vuelta de la esquina y puedo ir andando. Basta con que le digas a Louís dónde debe llevarte.
Dio un par de pasos atrás sin dejar de mirarla y confiando en que aceptaría la oferta. Iba a resultarle muy sencillo averiguar dónde vivía. Vane se quedó parada junto a la puerta abierta. El agua había empapado ya su corta melena. Frunció el ceño con desconfianza.
¿Por qué?
Para compensarte por el cuadro. Por favor.
Vanessa alzó la mirada hacia el tormentoso cielo y vaciló. A continuación, con una mezcla de rencor e indignación, entró en el coche y se inclinó para cerrar la puerta. Ni siquiera miró a Zac.
—Ha sido un placer masculló él con sarcasmo al ver perderse el coche entre el tráfico.
Quizá «placer» no era la palabra apropiada. Metió las manos en los bolsillos y echó a andar. No. La palabra era «satisfacción».

3 comentarios:

  1. Ame El Capi !
    Siguela !
    Rapido !
    Una Pregunta Zac Ya Conoce A Ness ??
    Bueno !
    Siguela Que Estuvo GENIAL GENIAL GENIAL !!
    Bye !

    Xx Erii

    ResponderEliminar
  2. guau!
    ke cap!!
    me a encantado!!
    se nota ke zac ya la kiere XD
    o almenos la desea
    bueno siguela prontito!
    bye!
    kisses!

    ResponderEliminar
  3. Awwww me encanta esta novela

    Ya quiero leer los demas capitulos

    Espero y la sigas pronto :DD

    ResponderEliminar