miércoles, 3 de agosto de 2011

Capitulo 1


Las olas besando la orilla de una playa de arena plateada… Una brisa cálida meciendo las palmeras… Un cielo azul… No. No era una buena idea. Vanessa Hudgens abrió los ojos y los fijó en la araña francesa que el subastador estaba a puntó de adjudicar. No tenía sentido intentar calmar su agitado corazón mientras notara aquellos ojos clavados en ella.

Aunque no le había visto entrar, estaba segura de que aquel hombre no se encontraba en la sala de subastas cuando ella ocupó su asiento. A partir de cierto momento, había empezado a sentir un cosquilleo en la piel y un hormigueo en la boca del estómago. Al volverse lo había descubierto. Mirándola.
Le lanzó una mirada furtiva. Seguía apoyado contra la pared y ni siquiera fingía estar interesado en seguir la subasta. Vanessa clavó la mirada en la lámpara para no mirarlo abiertamente y comprobar si su boca era tan perfecta como le había parecido.
Por un instante pensó que tal vez lo conocía, pero de ser así, estaba convencida de que no lo habría olvidado.
Apretó entre las manos el programa e intentó seguir recordando las instrucciones de la carísima terapeuta que su hermano Miles le había recomendado. Volvió a la imagen de la playa.
El hombre no dejaba de mirarla.
Vanessa dejó que el cabello le cayera sobre la cara para que la ocultara de aquella escrutadora inspección. Se removió en el asiento al tiempo que abría el programa. Quedaban dos lotes. La araña fue adjudicada con un último golpe de martillo y un jarrón de porcelana ocupó su lugar. Si se inclinaba hacia delante. Vanessa podía entrever en un lateral a un hombre que portaba un cuadro, el cuadro que en pocos minutos le pertenecería y tras cuya adquisición podría dejar aquella sala, y al inquietante desconocido.
Fijó la mirada en la casa grisácea sobre un fondo verdoso que ocupaba el centro de la imagen. Se trataba, sin lugar a dudas, del regalo perfecto para su grandmére, y de no ser porque Vanessa estaba decidida a dejar de creer en el destino, habría pensado que éste había intervenido en su favor.
Pero su terapeuta insistía en que debía asumir la responsabilidad de sus propios actos en lugar de culpar a vagas fuerzas fuera de su control, como el azar o el destino. Suspiró. Lo cierto era que no le resultaba sencillo.
El martillo anunció la adjudicación del jarrón y Vanessa se irguió. Había llegado el momento. Con una renovada determinación, intentó olvidarse de la mirada del hombre moreno y centró su atención en el subastador.
—Lote cuatro, seis, cinco —anunció en tono monocorde, inconsciente de que iba a vender una pieza de la historia familiar de  Vane—. Un encantador cuadro amateur de una casa en la campiña francesa. Precio de partida: veinte libras.
Tras un pequeño movimiento en la primera fila, continuó:
—Veinte por aquí. Treinta para el señor…
Le siguió una rápida sucesión de pujas que subió el precio a noventa libras. Desde que había acabado sus estudios de arte y había empezado a trabajar en la galería de Celia, Vane se había convertido en una experta en subastas, y sabía esperar al momento adecuado. Éste llegó cuando el subastador anunció cien libras y la mujer de la primera fila sacudió la cabeza.
—¿Cien libras a la una?
Vane alzó la mano.
—¿Ciento veinte?
Vane asintió y estuvo a punto de dar un grito de alegría al ver que los demás pujadores se retiraban.
—Ciento veinte a la una…
Vane metió las manos en los bolsillos de su chaqueta de lino negra y cruzó los dedos. No podía pagar un precio más alto.
—A las dos… —tras una pausa, el subastador continuó—. Por tercera y última… —calló con gesto asombrado—. ¿Señor? Justo a tiempo. ¿Ciento treinta?
Vane no necesitó mirar para saber quién había hecho la oferta. Lanzando una mirada incendiaría al suelo, descruzó los dedos y apretó los puños. Debía recurrir a una combinación de osadía y determinación. Alzó la barbilla y adoptó una actitud de extrema seguridad mezclada con un toque de aburrimiento e irritación. No era la primera vez que le sucedía algo así. Debía dar la imagen de alguien dispuesto a comprar a cualquier precio, como si fuera una mujer acostumbrada a conseguir lo que se proponía.
—Ciento cuarenta.
Excelente. Había sonado muy convincente. Pero la euforia le duró poco.
—Doscientas.
Aquella vez no pudo contener el impulso de mirar hacia atrás. El hombre la miraba fijamente y Bella sintió un escalofrío.
—¿Señorita? ¿Ofrece doscientas diez?
Por un segundo, Vane había perdido contacto con la realidad. Los ojos de aquel hombre eran azules e hipnóticos. Mientras lo miraba, él alzó una ceja y Bella no supo si su expresión era interrogativa o retadora.
—Sí.
—Doscientas diez para…
—Trescientas.
Vane cerró los ojos al oír la voz del hombre interrumpir al subastador. Percibió en su tono cierta impaciencia, como si se supiera seguro ganador y quisiera concluir lo antes posible.
—Trescientas diez —las palabras escaparon de su boca.
La indiferencia con la que había mirado el cuadro acabó por enfurecer a Vane cuando tuvo la sospecha de que sólo lo estaba haciendo para molestarla. Si quería jugar, jugarían.
—Quinientas.
—¿Señor? —al subastador le tomó por sorpresa aquel salto en la puja. —Quinientas libras.
Vane confirmó que sus labios eran espectaculares, llenos y voluptuosos. Estaba mirándolos cuando se curvaron en una leve sonrisa. Definitivamente, aquel hombre parecía estar gastándole una broma.
Vane se sentía como hipnotizada. Una parle de su mente se mantenía racional y consciente, mientras que la otra quería enfrentarse a ciegas a aquel reto.
Un murmullo de curiosidad recorrió la sala. Vane podía sentir la mirada de los presentes fija en ella. Sólo el desconocido permanecía imperturbable. Arrancó los ojos de él y los volvió al cuadro. La adrenalina le quemaba la sangre. Aquel cuadro representaba el paisaje de infancia de su abuela. Formaba parte de su herencia y debía ser suyo.
—Quinientas cincuenta.
A cámara lenta se volvió hacia el hombre, quien, alzando los hombros levemente, dijo:
—Seiscientas.
—Seiscientas cincuenta.
—Setecientas.
Su voz era acariciadora. Vane se estremeció. Aquello no tenía nada que ver ni con el lienzo, ni con el dinero. Era algo personal.
—Setecientas cincuenta.
Las cifras habían perdido significado. El mundo a su alrededor desapareció; sólo era consciente de la existencia de aquel hombre que la quemaba con la mirada. Sintió que las mejillas le ardían, tenía los labios secos, el calor le resultó insoportable y, quitándose la chaqueta, la dejó en el asiento contiguo. No sabía qué hora era. Los acelerados latidos de su corazón marcaban los segundos. El cabello del extraño era también negro, una despeinada maraña de rizos que le hicieron pensar en un cruzado medieval, o en un pirata. Sus labios tenían una brutal sensualidad y todo ello contrastaba con su inmaculado y caro traje. Nunca antes había tenido más sentido la frase: un lobo con piel de un cordero.
El hombre apoyó la cabeza en la pared y, sin apartar la mirada de Bella ni apenas mover los labios, habló con leve acento francés:
—Mil libras.
Vanessa se quedó sin aliento.
—¿Señorita? ¿Mil diez? ¿Quiere subir la apuesta?
Vane se sintió invadida por una temeridad que desconocía y que supuso era lo que se sentía antes de saltar de un avión. Aunque era evidente que no conseguiría el cuadro, quiso llevar a aquel hombre al extremo, romper aquella insoportable e inquietante calma. Quería enfadarlo, hacer que mostrase alguna emoción.
Lo miró con expresión desafiante y dijo:
—Sí. Mil cinco libras.
Sonriendo para sí, esperó a que el hombre subiera la puja. En la sala se hizo un silencio sepulcral.
—¿Señor? ¿Mil diez?
El desconocido le sostuvo la mirada y con una irritante parsimonia deslizó la mirada por su cuerpo. Vanessa sintió un nudo en la garganta y la visión se le nubló; se quedó sin aire en los pulmones y en medio del pánico, lo único que pudo registrar fue la mirada entre sarcástica y triunfal que él le dedicó.
—¿Mil cinco libras? —el subastador alzó la maza—. Mil cinco libras a la una…
El hombre se separó de la pared. Seguía mirando a Bella, pero la sonrisa había abandonado sus labios.
—Mil cinco libras a las dos…
Por un instante. Bella temió desmayarse. Iba a ponerse en pie cuando vio que el hombre hacía una señal al subastador.
—¿Señor? ¿Mil diez?
El hombre asintió y apartó la mirada de Vane. Ésta tomó aire. El ruido de la maza la devolvió a la realidad. Agachó la cabeza y se abrió paso entre los curiosos, demasiado alterada por lo que acababa de suceder como para sentirse aliviada.
 
Entornando los ojos con expresión especuladora, Zac Efron la observó partir.
«Interesante», pensó. «Muy interesante».
Cínico y con tendencia a aburrirse pronto, no era un hombre que sintiera interés con facilidad. Pero tras ofrecer por un cuadro más de diez veces lo que valía, aquella mujer lo había conseguido.
Y también sus ojos centelleantes. Había llegado a perder el control por unos segundos, y Zac había notado que eso la inquietaba. La cuestión era, ¿por qué?
Había salido tan precipitadamente que se había dejado la chaqueta, y él la tomó de camino a la puerta. Era suave y el olor a jazmín que desprendía aventó la brasa del deseo que había sentido en cuanto la vio.
En el mostrador de la entrada entregó su ficha y un montón de billetes. Mientras esperaba a que le dieran un recibo, se fijó en la etiqueta de la chaqueta y sonrió. Pertenecía a una tienda exclusiva, pero terriblemente clásica. Hubiera preferido que aquella mujer tuviera gustos más personales.
Apretó la prenda con la mano y salió a la lluviosa tarde de Londres. No había cesado de llover en todo el verano y, una vez más, el cielo estaba cubierto de amenazadoras nubes. Se detuvo en lo alto de la escalinata con la vaga sensación de que algo extraordinario estaba a punto de suceder.
Quizá se trataba de la pintura, de haber conseguido lo que llevaba años buscando.
O tal vez se debía a la mujer.

6 comentarios:

  1. Oh !!!
    Genial !!!!!!
    Me Fascino !!!!
    Estuvo Increible !!!
    Me Enoje Cuando Pense Que Unos de los dos iva a ganar y BAM ! ..el otro ponia una cantidad mas alta !
    Jajajaja
    me encanto !
    siguela !
    Bye !

    Xx Erii

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  2. Hola!!!!

    Wow me encanto

    Me dio un poco de risa
    cuando los dos daban cantitades
    mas altas para ganarse la pinturaa

    De verdad me gusto mucho
    Ya quiero leer el siguiente caapitulo!!


    Atte

    jocelyn mendoza

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  3. uuuuuuuuuuuyy tu nove esta de lo mejor definitivamente la leere!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! <3

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  4. wooow q
    encantadooor

    siguelaaa

    pliz!!!wooow q
    encantadooor

    siguelaaa

    pliz!!!

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  5. guau!!
    me encanta esta nove!!
    cuando lei la sinopsis dije: mola!!! XD XD
    va a molar esta nove
    y solo de leer la sinopsis ya lo se XD XD
    bueno el capi me encanto
    ke pesao con el cuadrito ¬¬
    si seguro ke solo lo compro para fastidiarla a ella ¬¬
    cuando le de la chaketa, ness tendria ke decirle 4 cosas bien dichas!! >:|
    y cuando adaptes la nove, vigila ke no se te escape ninguna "Bella" XD
    ke en este cap e visto varias XD
    bueno siguela prontito
    bye!
    kisses!

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  6. ^.^
    holaaa
    super el capi amigaaaa
    me encanto byeee siguela pronto
    xoxo

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