Capitulo 1
¿Cómo podía haberse torcido todo de aquella manera?
Vanessa Hudgens se rodeó el estómago con los brazos. Si al menos pudiese dejar de pensar en ello, quizá se le pasaría la horrible sensación de náuseas que tenía. El tormento casi había terminado, se dijo; había organizado la boda, tal y como le habían pedido, y la noche anterior le habían entregado un cheque en pago por sus servicios.
La noche anterior... Aquel beso... No, no debía pensar en la noche anterior.
Paseó la mirada por las mesas del elegante salón del hotel San Lorenzo donde se estaba celebrando el banquete. En circunstancias normales habría sentido satisfacción y orgullo ante un trabajo bien hecho como aquél. En esa ocasión, en cambio, el que todo estuviese perfecto y que se hubiese cuidado con esmero cada detalle no significaba nada para ella.
El banquete había terminado y los recién casados, que acababan de salir a la pista de baile, giraban ya al compás del vals del Danubio Azul.
Los ojos de Vanessa se posaron en Zac. Su ascendencia griega se hacía evidente en sus ojos azules como el mar y su cabello rubio... además de en la cabezonería y la altivez que lo caracterizaban.
—Mi hijo es un tonto.
Al oír a su lado la voz de Starla Efron, la madre de Zac y viuda del magnate David Efron, Nessa giró el rostro y sonrió.
—Que no te oiga él decir eso.
—Y tú... Por amor de Dios,Nessa; ¿tenías que vestirte de rojo? Es como agitar un capote delante de un toro —añadió Starla con un suspiro—. Ese vestido hará que la gente hable más aún.
Nessa se rió.
—Que hablen. Al menos no pueden acusarme de querer quitarle protagonismo a la novia porque no me he vestido de blanco.
—Es que deberías ser tú la que fuese hoy de blanco. Habrías sido una novia preciosa. Si David aún viviese, tal vez habría conseguido hacer entrar en razón a Zac.
Nessa la miró, desconcertada.
—Starla...
—¿Qué?, es la verdad; este matrimonio es un error, pero ya es demasiado tarde para rectificarlo. Mi hijo ha tomado una decisión equivocada y tendrá que afrontar las consecuencias —dijo la mujer antes de alejarse.
Nessa la siguió con la mirada antes de girar la cabeza de nuevo hacia la pista de baile para encontrarse con Zac besando a la novia en la frente. Nessa frunció el entrecejo, segura de que había escogido ese momento a propósito. Zac no era dado a las muestras de afecto en público.
No podía soportarlo. Quería que aquello acabara, salir de allí, poder seguir con su vida y olvidar, porque sólo el paso del tiempo podría borrar de su boca el amargo sabor de la traición.
—¿Lista, Nessa?; ahora nos toca a nosotros.
La voz de Dylan , hermano del novio y padrino, interrumpió sus pensamientos.
Nessa esbozó una sonrisa forzada.
—Perdóname; tenía la cabeza en otra parte.
—Deja de preocuparte, mujer —le dijo él—; está todo perfecto: las flores, el menú, la tarta, el vestido de la novia... Todas las mujeres que han venido a la boda querrán que les organices la suya también.
¡Si Dylan supiera lo mucho que había sufrido organizando aquélla! Oh, Dios, ¿cómo podía haber sido tan estúpida la noche anterior como para...?
—Venga, vamos a bailar —le insistió Dylan, tirándole de la mano.
Nessa sacudió la cabeza.
—No suelo bailar en las bodas que he organizado.
Zac miró en su dirección en ese momento, y cuando sus ojos se encontraron con los de él, Nessa sintió una punzada en el pecho al ver el desdén que se reflejaba en ellos.
Dylan, ignorante de esa angustia que la atenazaba, se rió con suavidad.
—Nada de excusas. Esta noche no estás trabajando y además es la tradición que los novios abran el baile y les sigan el padrino y la madrina. Mira; está todo el mundo esperando.
Nessa miró en derredor y vio que tenía razón. Los demás invitados se habían acercado también a la pista de baile y algunos los observaban, expectantes.
Nessa se llevó una mano al colgante de ópalo que pendía de su cuello, un gesto inconsciente que hacía siempre que se sentía insegura.
Nessa volvió a posar sus ojos en ella antes de bajar de nuevo la vista hacia la novia, Ashley, su mejor amiga. Fue sólo un instante, pero una vez más el desdén que sentía hacia ella se hizo evidente en sus ojos azules.
Nessa alzó la barbilla, se agarró del brazo que Dylan le ofrecía, obligándose a sonreír, y dejó que la condujera al centro de la pista. Al diablo con Zac. Bailaría y hasta reiría; no iba a dejar que viese lo dolida que estaba; lo desgraciada que se sentía. Zac nunca sabría lo que le había costado organizar aquella boda, ayudar a Ashley a escoger la música, las flores, el diseño del vestido..., ni lo humillada que se había sentido cuando había seguido a su amiga hasta el altar.
Tampoco sabría jamás de la desesperación que la había invadido cuando el sacerdote los había declarado marido y mujer, ni de las lágrimas que había reprimido a duras penas cuando habían salido de la iglesia entre las felicitaciones de los invitados.
Nessa nunca podría olvidar la palidez del rostro de su amiga, ni tampoco la mirada triunfal y vengativa que le había lanzado Damon al pasar junto a ella, como diciéndole: «No hay nada que puedas hacer».
Por eso bailaría y se comportaría como si no le importase nada. Nadie sabría la agonía por la que estaba pasando en esos momentos. Únicamente verían en ella a la mujer atrevida e independiente por la que todo el mundo la tenía.
—Oye, hermano, ahora me toca a mí bailar con la novia.
Al oír a Dylan decir aquello Nessa se vio cruelmente arrancada del vacío en que su mente se había refugiado para aturdir sus emociones. Dylan se apartó de ella y se encontró frente a su Némesis, frente al hombre del que jamás podría escapar.
Únicamente el puente aplastado de la nariz, que le habían roto más de una vez, estropeaba la belleza clásica de su rostro y desentonaba con los perfectos labios y los elevados pómulos. Era un rostro rudo pero también sensual, como el de un corsario.
Nessa se volvió desesperada hacia Dylan.
—Dylan...
Pero Dylan se alejaba ya, girando con Ashley, y Rebecca se quedó allí parada, negándose a mirar a Zac y con el corazón golpeándole con fuerza contra las costillas.
—¿Así que ahora estás tratando de seducir a mi hermano? ¿Otro intento de hacerte con la fortuna de mi familia? —le preguntó Zac con cinismo.
Nessa se volvió y lo encontró mirándola con los ojos entornados. ¿Con qué derecho se creía para juzgarla? Apenas la conocía y no se había tomado siquiera la molestia de intentar conocerla.
—Vete al infierno, Zac.
Iba a girarse sobre los talones para alejarse, pero él la agarró por el codo.
—Ah, no. No te va a ser tan fácil; no voy a consentir que montes una escena dejándome plantado en mecho de la pista. No voy a dejar que me ridiculices.
Nessa trató de zafarse, pero los dedos de Zac no hicieron sino apretar con más fuerza. No quería bailar con él, encontrarse atrapada entre sus brazos. ¡No!
Debió pronunciar su negativa en voz alta sin darse cuenta, porque Zac apretó los labios en una fina línea y masculló un «sí» entre dientes antes de atraerla hacia sí.
—Bailarás conmigo quieras o no —le dijo, agarrándola por la cintura—. Por una vez en tu egoísta vida harás algo por otra persona. No voy a permitir que le estropees el día a Ashley.
Rebecca rió con amargura para sus adentros. ¿Cómo podía hablar de que fuera a estropearle el día a su amiga cuando él acabaría destruyéndola? La pobre Ashley... Era para ella como una hermana, además de su mejor amiga y su socia... o lo había sido hasta la noche anterior cuando, tras el último ensayo de la boda, le había entregado un papel firmado por el cual le cedía su parte de Dream Occasions, la pequeña empresa de organización de eventos que ambas habían construido. ¿Y por qué? Porque Zac se lo había exigido.
El amo y señor le había dejado bien claro que quería que rompiese todos los lazos con ella, y Ashley había obedecido. Nessa se había sentido furiosa, pero también traicionada aunque comprendía por qué su amiga había capitulado y hasta por qué había querido convertirse en la esposa de Zac, aun cuando no era en absoluto el hombre que le convenía.
No, Ashley jamás debería haber aceptado su proposición de matrimonio, pero... ¿cómo podría haberse negado? Ashley ansiaba seguridad, igual que le había ocurrido a ella tiempo atrás. Sin embargo, aunque se encontraba en la misma situación que la típica protagonista de esas películas del cine mudo atada a la vía del tren, Ashley era incapaz de ver el peligro que se cernía sobre ella. Lo único que veía era la fortaleza de Zac, su poder y su fortuna.
No se daba cuenta de que Zac tenía un carácter demasiado fuerte; la dominaría. Ashley nunca se enfrentaría a él, y Nessa temía que se fuese apocando hasta no tener ya voluntad propia. Por eso la noche anterior había decidido hacer algo al respecto.
Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar lo que había ocurrido. Mientras viviese jamás olvidaría lo furioso que se había puesto Nessa, su desprecio... Después había intentado mitigar con el alcohol el dolor que aquello le había causado, pero ni una botella entera de vino habría podido aliviarlo ni hacerle olvidar lo que le había costado esa actuación desesperada.
—Ash—murmuró cuando la mano de Zac se cerró sobre la suya y comenzaron a bailar.
Él la miró ceñudo, sin comprender.
—Es así como le gusta que la llamen. ¿O acaso no te lo ha dicho? —le espetó Nessa.
Zac frunció el ceño aún más, y de pronto, por algún motivo, Nessa se sintió también más consciente del calor de su mano en su cintura, de la íntima presión de su palma contra la suya, del olor de su colonia.
—Su nombre es Ashley —replicó él—; y es bonito. ¿Qué puede haber más hermoso que la felicidad? Ese diminutivo absurdo no significa nada.
—Pero ella siempre ha odiado su nombre; no quiere que nadie la llame así —insistió Nessa—. ¿Acaso no vas a respetar sus deseos?
Aquel nombre le recordaba a Ash a su infancia, una infancia desgraciada, y a la niña tímida que había sido. Las dos habían, sido adoptadas por la misma familia, y aunque no las habían tratado mal, se habían preocupado siempre más por sus propias hijas, habían sido muy estrictos con ellas y no les habían dado cariño.
Difícilmente podía explicarle aquello a Zac. Además, Ash ya era mayorcita y podía cuidar de sí misma, se recordó. Era ella quien tenía que decidir qué decirle o no a su marido.
Zac pareció quedarse aturdido un instante, pero luego apretó la mandíbula y le contestó:
—No es asunto tuyo cómo llame o deje de llamar a mi esposa. Lo único que te estoy pidiendo es que no le arruines el día.
«Mi esposa»... Nessa volvió a sentir una punzada, pero se obligó a dejar el dolor a un lado. Luego habría tiempo para llorar, cuando aquel horrible día hubiese acabado y no estuviese rodeada de gente.
—¿Cómo podría arruinarlo? —replicó—; Dylan me ha dicho que está todo perfecto: las flores, el vestido, la tarta...
Una vez más, Zac frunció el entrecejo.
—Sabes muy bien a lo que me refiero. Es tu habilidad para causar problemas lo que me preocupa.
Si la conociera, sabría que sería incapaz de hacerle daño a Ash, que a pesar de lo traicionada que se sentía no le tiraría de los pelos delante de los demás invitados ni nada parecido. Sin embargo, quizá debería pincharlo un poco, sólo por fastidiarlo. Se lo merecía.
—Por favor, ¿cómo puedes decir eso de mí, Zac? —murmuró con una sonrisa de vampiresa.
—Y no quiero verte mariposeando alrededor de Dylan; aléjate de él.
Nessa no contestó. Antes de conocerlo había oído hablar mucho de él: de su brillantez para los negocios, de su inteligencia, de lo guapo que era... Sin embargo jamás habría imaginado la fuerte atracción que había sentido hacia él desde el primer momento. Se habían conocido en una boda que Ash y ella habían organizado para un colega de Zac, y había quedado fascinada por él.
Se había comportado de un modo caballeroso, atento..., incluso había mostrado un cierto interés, o eso le había parecido a ella. Cuando se enteró de cuál era su nombre y de que era la viuda de Aaron Grainger, su actitud hacia ella cambió por completo. La miró con desdén, y luego se alejó para ir a felicitar al novio. Sin embargo, a pesar de ese desprecio, ella ya había caído bajo su embrujo.
Después de ese primer encuentro, desesperada por volver a verlo, Rebecca había llegado a recurrir a personas que había conocido a través de Aaron para conseguir que la invitasen a eventos a los que sabía que él iba a acudir. Necesitaba saber si aquella conexión que había sentido entre ellos en un primer momento, había sido sólo un espejismo. Su obstinación la había llevado a insistir e insistir, tropezando una y otra vez con un muro de piedra, hasta que finalmente había comprendido que esa atracción que había creído mutua no lo era.
Incluso en ese momento, mientras bailaba con ella, el cuerpo de Zac estaba tenso, y tenía la mirada perdida en algún punto distante de la sala. Estaba ignorándola por completo.
¡Y pensar que el día en que lo había conocido había creído que ese encuentro había sido algo predestinado! Teniendo en cuenta que el destino no la había tratado precisamente con amabilidad, había sido una ilusa al creer que por una vez se había puesto de su parte.
De hecho, aquel último revés del destino, el que Zac se hubiese fijado en Ash y le hubiese pedido que se casase con él, no habría podido ser más cruel ni más inesperado. Ni siquiera tenía sentido que se lamentase por ello porque no había nada que pudiese hacer. La noche anterior le había quedado muy claro.
Oh, Dios, la noche anterior... Lanzó una mirada furtiva a los labios apretados de Damon, y recordó cómo la había besado, cómo... «¡No!, ¡no pienses en eso!».
—Tanto Dylan como tú bailáis muy bien; ¿recibisteis lecciones de niños? —le preguntó en un intento por apartar esos pensamientos de su mente.
—Te he dicho que te olvides de Dylan—masculló Zac—, Mantente alejada de él; es demasiado joven.
Nessa sintió que una profunda irritación se apoderaba de ella. ¿Cómo era aquello que le había dicho antes?, ¿que le preocupaba su habilidad para causar problemas? Tarareando el estribillo del vals se frotó contra él con toda la intención, pero Damon le quitó la mano de la cintura y la agarró por el hombro para mantenerla a distancia.
—¡Por amor de Dios, estate quieta! —le siseó furioso entre dientes.
La sonrisa burlona que se había dibujado en los labios de Nessa se desvaneció al instante. ¿Qué estaba haciendo?; ¿qué estaba intentando demostrar? Zac tenía razón; aquello no estaba bien. No importaba cuánto daño le hubiese hecho, cuánto se mereciese que lo castigase... no podía hacerle aquello a Ash en el día de su boda. Además, no merecía la pena que, por una venganza que tan poca satisfacción le iba a reportar, perdiese lo único que le quedaba: el respeto por sí misma.
Sin embargo, no había ninguna razón por la cual no debiese pincharlo un poco más.
—Dylam tiene veintisiete años; tres más que yo. Yo diría que tiene la edad perfecta para mí.
—Escúchame —masculló Zac, como si se le estuviese agotando la paciencia—, en lo que a experiencia se refiere mi hermano está a años luz de una mujer como tú.
Aquello le dolió a Nessa
—Tú no sabes nada de mí —murmuró, bajando la vista—. Nunca te has tomado ningún interés por averiguar la verdad sobre mí.
Zac resopló.
—¿Qué verdad? —le espetó—. ¿Que te casaste con Aaron Grainger por su fortuna y que cuando se quedó sin un centavo lo empujaste al suicidio?
Nessa alzó el rostro.
—Nadie hasta ahora se había atrevido a decirme eso a la cara —le dijo—, y no te tenía por la clase de persona que da crédito a las habladurías.
La música se volvió más rápida con los últimos compases.
—Y no lo soy, pero mi opinión de ti no se basa sólo en habladurías; ¿o acaso tienes amnesia? —replicó él, acercando su rostro al de ella y mirándola con frialdad— Sé exactamente lo que eres; eres esa clase de mujer que besa al prometido de su mejor amiga, que le suplica que...
—¡Cállate!
Zac hizo un giro brusco para apartarlos de una pareja que pasaba cerca y evitar que pudieran oírlo.
—Conozco a las de tu calaña; lo que pasó anoche...
Nessa se puso tensa y se paró en seco.
—He dicho que te calles —masculló—, ¿o quieres que monte esa escena que tanto temes que monte, y que le estropee el día a Ash?
Zac la miró con desprecio y se apartó de ella, como si temiera que fuese a contagiarle algo.
—No sé cómo pude... —murmuró—. Debo de estar loco.
No, era ella la que estaba loca. Zac estaba casado; haría bien en recordarlo. Se giró sobre los talones y se alejó, sin atreverse a mirar atrás.
Casi Cuatro Años Despues
bueno hasta aqui chikas!!!
comente si les gusto o no pliss...
Mas tarde hare el cap 2
byeee!!!!

casi 4 años despues ke!!!!
ResponderEliminarla noche anterior ke!!!!
ke paso!!!!
ke pasara!!!
no la dejes ahi!!
me encanto el cap, enserio
siguela para ke me entere mejor de lo ke va esta historia XD XD
pero de momento me gusto mucho
se ve ke a ness le gusta mucho zac
pero ke zac...
pues...
no se lo ke le pasa XD XD
asi ke siguela para disipar mis dudas
ah y gracias por pasarte por mi blog y comentar
bye!
kisses!
superrrrrrrrrrrr
ResponderEliminarpero que paso la noche anterior???
me encanta tu novee..
me alegra que te hayas unido al club de las novelas
hahha
estare esperando el otro capi...
solo no la dejes asi..
haha
:D
ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarsiguela plizzz!!!!!!!!!
me encanto el cap en cerio me fascino!!!!!!!
pero que paso la noche anterior?? dimos plizzz!!!!!!!!!!!!
bye bye!
ahhhhhhh holaaaaaaaaa me encantooooo tu noveeeee siguelaaa pronto y QUE PASO LA NOCHE ANTERIOR? JAAJA BYEEEE SIGUELAAA PRONTO PLISSSSS XOXOXO CDT
ResponderEliminarOMG!!!!
ResponderEliminaresta genial la nove
que paso la otra noche
pobre nessa y que terco zac
cuatro años despues que!!!!???
que pasooo
no nos dejes con la intriga
la nove esta super genial!
siguela pronto lo mas pronto que se pueda
hay eso que
jajaja
baii baii