Era como un sueño, o una película. Antes de que el eco del disparo se ahogara. Vanessa palpaba el cuello de Zac en busca de pulso mientras la mancha roja de su camisa se agrandaba como un capullo de rosa abriendo sus pélalos. Cerró los ojos y dio un trémulo suspiro al encontrar un débil pulso. Luego alzó la mirada. Philippe estaba de pie, paralizado, con el brazo en el que sostenía el rifle estirado en un extraño ángulo, casi como si pretendiera que no tenía nada que ver con él. Vanessa notó que su rostro estaba deformado en una mueca de desconcierto, pero estaba demasiado preocupada por Zac como para prestarle más atención.
Zac,Zac,Zac,cuya cara tenía el blanco color de la muerte, cuya cálida sangre le manchaba las manos. Zax, que no la amaba, que la había utilizado.
Y en medio de aquella pesadilla, eso era lo único real, el único dato que había quedado grabado en su mente.
Con manos temblorosas buscó el móvil en los bolsillos de Zac. Lo encontró y lo miró con expresión vacía. No sabía usarlo.
—Mira…
Zac había abierto los ojos. Su voz fue apenas un susurro. Con un esfuerzo sobrehumano, levantó una mano y cuando Vanessa le dio el teléfono, alzó la cabeza apretando los dientes con gesto de dolor. Ella le puso las rodillas de almohada y Zac tras presionar unos botones, le devolvió el teléfono.
Por segunda vez en el mismo número de días, Vanessa se encontró llamando a una ambulancia.
Zac cerró los ojos y Vanessa se preguntó cuánto resistiría.
Philippe había desaparecido sin que ella lo notara y el único sonido que se oía en la habitación era la respiración entrecortada de Zac. No sabía qué hacer, se sentía como si fuera tragada por arenas movedizas.
No la amaba, la había utilizado. Desde el principio sabía quién era. La odiaba.
—Vanessa… —Zac la miraba con ojos febriles, el rostro contraído en una mueca de dolor—. Lo que he dicho antes… —cerró los ojos. Cada palabra salía de su boca como si fuera una cuchilla corlándole la garganta.
Vanessa posó la mano en su mejilla.
—Shhh —musitó, sacudiendo la cabeza—. No hables.
El pánico empezaba a apoderarse de ella. La respiración de Zac se hacía más difícil con cada segundo que pasaba. Sin saber qué otra cosa hacer, le abrió la camisa para dejarle la herida al descubierto. Por un instante, su belleza la apabulló. Su piel, tan blanca como el mármol, le daba la apariencia de una escultura. La mancha escarlata resultaba extrañamente hermosa.
Pero la gravedad de la situación la asaltó de inmediato. Inclinándose hacía adelante, observó la herida.
—Para… la sangre…
Tuvo la sensación de haber hablado en alto. La voz de Zac sonó ronca, ni siquiera pudo abrir los ojos. Pero seguía vivo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó ella.
—Aprieta…fuerte.
Vanessa sintió los helados dedos de Zac cerrarse sobre los de ella, al tiempo que le colocaba la mano sobre el corazón. Una lanza se clavó en el de ella. Lo odiara o no en aquel instante, lo cierto era que lo amaba y ese sentimiento era tan incontenible como la sangre que brotaba del pecho de Zac. Y era igualmente doloroso.
Poco a poco, las facciones de Zac se relajaron, y las líneas de dolor de su entrecejo se difuminaron. Con el paso de los minutos, los rincones de la habitación fueron conquistados por la sombra, la mano de Bella se quedó entumecida apretando el pecho de Zac, y su mundo quedó reducido al rápido latir de su corazón y a su agitada respiración.
Cuando percibió por el reflejo en las paredes, la luz azul de la ambulancia, casi le desilusionó saber que tendría que dejarle ir.
Zac se deslizaba entre el sueño y la vigilia y en su mundo la única realidad eran las sensaciones físicas. El duro suelo bajo la espalda, el frío invadiendo sus huesos, la mano de Vanessa. Y el dolor. El dolor por encima de todo lo demás. Lo paralizaba, le impedía hablar. Necesitaba decirle a Vanessa que lo que le había dicho a Delacroix era mentira, pero apenas podía respirar y sabía que debía permanecer inmóvil y ahorrar oxígeno si es que quería sobrevivir.
Y tenía que sobrevivir para hacer y decir muchas cosas. «Te Amo». Haciendo acopio de fuerzas, abrió los ojos. El rostro de Vanessa inclinándose sobre él. Lloraba.
Zac frunció el ceño.
—No…llores —el pecho le ardía y hablar le quemaba, pero tenía que decirlo—. Te…
Vanessa se separaba de él.
—Ya están aquí —susurró.
Zac sintió un calor recorrerle el brazo y luego, de nuevo, la oscuridad.
Hola,se que esta corto u_u pero no me maten! xD
Quiero dejarlas asi con intriga xD
Hahah,pero en el prox capi esta mejor :))
Las Quiiero,Cuidense!
wow!!!
ResponderEliminarcomo la dejas asi!!
esta super interesante!
kiero saber ke le va pasar a zac!!
seguro se recupera XD
pero a ver si le dice ke la kiere de una vez!
publica pronto!
bye!
kisses!
Awwww
ResponderEliminarVanessa no dejo hablar al pobre Zac...
espero que este bien.. que no le pase nada..
siguela
esta muy buena...
:D