jueves, 26 de abril de 2012

Capitulo 12

Sobre el amor.
Zac se sintió desorientado y confuso. Eso no era lo que había querido demostrarle a Vanessa y, sin embargo, era la primera vez que lo sentía de verdad. Para él. La Dame de la Croix era el símbolo del poder y de la tiranía, y nunca del amor.
El sentimiento que lo había guiado hasta aquel momento era la venganza. Por él estaba en aquel oscuro lugar con aquella mujer de piel de terciopelo y ojos luminosos.
Se había esforzado por ser tan cruel y frío como ellos y al lograrlo, acababa de darles la razón. Cincuenta años antes, los Delacroix&Hudgens pensaban que Julien Efron no era lo bastante bueno como para su hija, y esa humillación le había impulsado a alcanzar el éxito.
Pero en aquel instante tuvo la dolorosa certeza de que tampoco él se merecía a Vanessa Hudgens, y nunca sería lo bastante bueno para ella.
Vanessa se alzó levemente y, deslizándose hacia un lado, se echó junto a él.
—No me habías dicho que eras un artista —dijo, mirándolo fijamente.
—Porque no lo soy —dijo con un tono en el que Vanessa creyó intuir cierto sarcasmo—. Soy un millonario especulador, ¿recuerdas?
Vanessa sonrió.
—Claro que lo recuerdo, pero lo que me pregunto es por qué un hombre de tu talento dedica su tiempo a ganar dinero.
Zac se incorporó, apoyó la espalda en el sofá y alargó la mano hacía su camisa.
—Sí supieras cuánto gano, no me lo preguntarías.
—Claro que sí —dijo Vanessa, dejando de sonreír—. Abandonar lo que amas por dinero es venderse —trazó con su dedo el dibujo del colgante mientras añadía en tono distraído—. Y no me parece que seas alguien a quien se pueda comprar por dinero.

Aquellas palabras fueron como pequeños dardos clavándose en el corazón de Zac. Se levantó y empezó a recoger el resto de su desperdigada ropa.
—No me «he vendido». Hay otras razones —le pasó la falda a Vanessa sin mirarla.
El tono de resignación con el que se expresó, puso a Vanessa en alerta. Recordó la noche en la que habían bailado en la calle y cómo había ansiado descubrir al hombre tras la máscara. También recordó la impersonal sofisticación de su apartamento y cómo, a pesar de lo que había sucedido entre ellos, se había sentido más distante de él que nunca. En aquel momento, en la penumbra de un lugar en ruinas, tenía la sensación de tener ante sí a un Zac mucho más real, menos seguro de sí mismo.

—¿Le desilusionó a tu padre que no siguieras sus pasos en el arte?
—Mí padre ni siquiera sabe que soy capaz de dibujar —dijo Zac con aspereza.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Vanessa subiéndose las medías.
—Nunca lo supo. Tuve un profesor de arte que quería que estudiara Bellas Artes, así que dejé de ir a sus clases. Desde entonces, no he pintado nada —aunque hablaba con aparente calma, sus manos, al abrocharse el cinturón, se movían con brusquedad y rabia—. Julien nunca supo que el arte me interesara.
Vanessa sintió un nudo en la garganta.
—¿Por qué?
—¿Tú por qué crees? Él podía haber sido uno de los pintores más famosos de su generación, pero lo perdió todo en el incendio. ¿Cómo iba a experimentar yo lo que tendría que haber vivido él?

Vanessa se puso en pie. El corazón le golpeaba el pecho como si quisiera escapar y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para contener las lágrimas.
—¿Por eso concentraste tu energía en alcanzar el éxito por otras vías?
—Algo así —dijo Zac con una amargura que no logró ocultar y por la que se odió.

Mentirle le hizo sentirse despreciable, pero la verdad era demasiado cruel como para expresarla. El motor de su ambición había sido demostrarle a la familia de Vanessa que era alguien, ser tan poderoso y rico como ellos para que algún día pagaran por lo que habían hecho.
Y ese día había llegado.
—Háblame del incendio —dijo ella con dulzura.

Zac cerró los ojos. Una voz en su interior le gritaba, sarcástica: «Venga, díselo, cuéntale cómo su tío Philippe Delacroix lo provocó para quitar a Julien Efron todo lo que poseía. ¿No era eso lo que querías todo este tiempo, que supiera de lo que su familia es capaz?».

—No hay nada que contar —dijo con aspereza—. Sucedió antes de que yo naciera. Julien había trabajado para una gran exposición en una prestigiosa galería, y perdió toda su obra.
—¿Y sus manos resultaron tan dañadas que ya no pudo pintar?
El tono compasivo de Zac, tan dulce como una caricia, lo perturbó.
—Sí —contestó—. Entró para salvar el único cuadro que le importaba: La Dame de la Croix.

«El cuadro por el que tu familia había quemado la casa».
En silencio, Vanessa fue hacia él y, abrazándolo por detrás, apoyó la cabeza en su espalda. Zac no pudo contener un leve gemido de dolor. Vanessa se separó y dejó caer los brazos automáticamente.
—¿Qué pasa?
—Nada, nada.
Había un cierto paralelismo poético, pensó Zac amargamente. Su intención inicial había sido seducirla para hacerle sufrir. Pero lograrlo le había causado a él el dolor físico que sufría en aquel instante.
Se trataba de un acto de justicia que casi le alegraba.
Fuera, llovía.
Había un cielo gris plomizo y persistía la luz amarillenta que dotaba a todo de un aire fantasmagórico. Vanessa alzó el rostro a la lluvia y recordó la sensación de salir al aire libre desde la oscuridad de un cine.

De pequeña adoraba ir al cine. Había constituido el refugio en el que canalizar las pasiones y emociones románticas que en su familia estaban prohibidas. Y en aquel instante, emergiendo a la luz del día y respirando el fresco aire otoñal se sintió liberada de todas las limitaciones.

Toda su vida se había puesto a sí misma en último lugar, adaptándose a los valores de su familia relativos al deber y la obediencia, sacrificando su libertad por el honor de los Hudgens-Delacroix. Había sido siempre una buena chica, y por fin tenía una recompensa.
En la distancia, su familia no resultaba tan poderosa. Philippe Delacroix había hablado de Julien Efron con amargura y desdén, pero él no parecía más que un viejo retorcido refugiado en una casa que era como un gran museo sin vida. Casi le daba pena.

De hecho en aquel instante, al mirar a Zac que le había pasado el brazo por el hombro y la miraba a su vez con expresión inescrutable, sentía lástima por cualquiera que no fuera ella. Por primera vez en su vida, se sentía feliz de ser quien era.
—Te has puesto el jersey al revés —le dijo él al oído.

Vanessa sonrió con picardía.
—Da lo mismo, pienso quitármelo en cuanto lleguemos a casa.
—¿Eso es una promesa?
Vanessa sintió una oleada de calor y observó a Zac un instante. Con el cabello mojado por la lluvia cayéndole parcialmente sobre la piel cetrina y los oscuros ojos, despertaba en ella un deseo salvaje, le hacía sentir viva, vibrante… Todos los sentimientos de los que su hermano Miles y la terapeuta habían intentado alejarla.

Pero Vanessa acababa de llegar a la conclusión de que ésa era su verdadera naturaleza. Y una vez más recordó algo que le había dicho su abuela: Eres capaz de amar apasionadamente…
Alzó la mano hacia la mejilla de Zac.
—Hoy he aprendido muchas cosas gracias a ti —dijo con dulzura.
Con expresión de tristeza, Zac se encogió de hombros.
—Ha sido un placer —le cerró el abrigo hasta el cuello y tiró de ella hacia sí. Tras besarle la frente, añadió—: Yo también he aprendido algo.

Súbitamente, Vanessa dio un salto hacia atrás y, llevándose las manos a la boca con ojos de espanto, exclamó:
—Dios mío, Dios mío…
Por un instante, Zac tuvo el espantoso presentimiento de que había adivinado lo que tramaba.
—¿Qué pasa?
Vanessa ya había echado a correr. Por encima del hombro gritó:
—¡El coche de Celia! ¡He dejado la capola bajada!
Zac suspiró aliviado. El coche podía ser reemplazado. Volver a la normalidad en otros aspectos iba resultar mucho más laborioso.
Caminó apresuradamente tras ella, arrancando unos hongos que vio al pie de un árbol. Para cuando alcanzó a Vanessa, ella ya estaba sentada en el mojado asiento y arrancaba el motor para subir la capota. Alzó la mirada y le dedicó una sonrisa que incendió el interior de Zac.
—Y yo que creía que no podía sentirme más húmeda… —dijo con picardía.
Aunque Zac se había jurado no darle la oportunidad de dejarlo plantado una tercera vez, cuando Vanessa arrancó no se sintió enfadado.
Las circunstancias habían cambiado y se habían complicado extraordinariamente.

3 comentarios:

  1. Wao..
    me ha encantado el capitulo..
    ya extrañaba la nove...
    hahah pobre Vane con el auto..
    siguela pronto
    :D

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  2. aaawww ke monos
    cuando nes se entere del plan de zac se ira todo al traste v.v
    igual ke el coche XD
    publica mas pronto!
    ke si no pierdes el hilo
    bye!
    kisses!

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  3. omg!!!!!!!!!!!!!!!!!!1 como me puedes dejar con la intriga así?!!!!, me encantoooooo el capitulo :D, siguela!!

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