sábado, 26 de noviembre de 2011

Capitulo 7


Normandía. Francia. Un mes más tarde.

El viejo deportivo MG de Celia era como su dueña: excéntrico, encantador y temperamental. Y Vanessa lo adoraba.
Y también adoraba Francia. En lugar de tomar la autopista, había decidido atravesar Normandía por carreteras secundarias. El otoño había alcanzado su esplendor y en la luz del atardecer, el paisaje parecía refulgir.
Ardiente y hermosa. Como en otras ocasiones, las palabras acudieron a la mente de Vanessa y tuvo que apretar los dientes.
Aquella noche en Londres, hacía más de un mes,había marcado un punto de inflexión en su vida. Hasta entonces, había huido de sus problemas, refugiándose en un lugar seguro dentro de su propia mente, pero Zac le había hecho volver a sentir placer y dolor, éxtasis y agonía, cielo e infierno. Los minutos de total abandono, con la ciudad de Londres a sus pies, expuesta al mundo, habían sido la medicina que la cara terapeuta de Miles no lograba encontrar.
Al llegar a un cruce, redujo la velocidad y dejó escapar un gemido de protesta al leer en una señal que todavía quedaban sesenta kilómetros para llegar a París. El sol empezaba a hundirse en el horizonte. Vanessa arqueó su dolorida espalda. Empezaba a arrepentirse de no haber tomado la autopista, cuando la señal de un desvío llamó su atención: St Laurien.
Sin pensárselo. Vanessa tomó la carretera que señalaba, adentrándose por un denso bosque. Por muy tarde que fuera, no pudo resistir la tentación de ir a ver la casa de su abuela.
Súbitamente, una gran sombra se proyectó desde el lateral de la carretera. Oyó un ruido, unas ramas rompiéndose y el repiquetear de los cascos de un caballo; unos segundos después vio unos ojos en blanco y unos hollares dilatados de los que escapaba vaho. Aterrada, dio un volantazo. El coche dio varias vueltas hasta quedar parado perpendicular a la calzada.
De pronto, todo fue silencio y oscuridad. Haciendo un esfuerzo por calmarse. Vanessa bajó. Había estado a punto de chocar con un caballo sin jinete. Con el corazón acelerado, retrocedió unos pasos.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —llamó.
Aunque no obtuvo respuesta, vio un cuerpo tirado en la cuneta. Se trataba de un hombre mayor. Estaba muy pálido y de un corte en la frente le brotaba sangre. Cuando Vanessa se inclinó ante él, hizo ademán de incorporarse.
—No se mueva —dijo ella, posando una mano sobre su hombro con delicadeza—. Se ha caído del caballo. Voy a pedir auxilio.
Fue al coche y llamó por el móvil. Después, volvió junio al hombre, que parea semi inconsciente. Instintivamente. Vanessa le tomó las manos, que llevaba enguantadas, y comenzó a hablar.
¿Vive usted por aquí? —preguntó en un forzado tono de animación.
Le vieux moulin…
El viejo molino. Qué bonito nombre ¿Tiene familia?
¿Un hijo? —Vanessa se sintió aliviada de que alguien pudiera ocuparse de él—. Si me da su teléfono…
El viejo sacudió la cabeza con una mueca de dolor.
No… Por favor, no llame. Es muy importante… muy ocupado…. no quiero molestar.
Vanessa rió.
—Seguro que no le gustaría oírle decir eso. Querría acudir a su lado.
—No. Está muy ocupado. Su trabajo, muy importante. No vendrá.
—Shhh —lo calmó Vanessa—. Tranquilo. La ambulancia no tardará en llegar y lo llevará al hospital.
El hombre reaccionó como si le hubiera dado un calambre.
Imposible… Mi caballo, mi casa… No puedo dejarlos. Nadie puede cuidar de ellos.
Vanessa posó las manos sobre sus hombros.
—No se preocupe. Yo me ocuparé —dijo. Las palabras escaparon de su boca sin pensarlas.
Al instante, el viejo se relajó y se dejó caer sobre las hojas secas con expresión de alivio. Vanessa se mordió el labio. Era demasiado tarde para dar marcha atrás.
¡Así que por fin la encontraste! —Fabricio de Roche se reclinó en su butaca de cuero con gesto satisfecho—. Tengo que reconocer, Zac, mon ami, que hay pocas mujeres a las que haya esperado cincuenta años, pero ésta merece la pena. Genevieve Delacroix…¡qué belleza!
Fabrice era uno de los más grandes marchantes de arte de París. Bajo su encantadora apariencia, latía un corazón de hielo.
—¿Dónde la has encontrado? —preguntó sin apartar la vista del cuadro.
—En una subasta en Londres. Estaba oculta tras otro lienzo sin firma que Julien debió pintar después del incendio.
—¿Cómo llegaría al mercado?
Supongo que lo cubrió para protegerlo —Zac sonrió con tristeza—. Mi madre siempre fue bastante irracional en lo que respecta a Genevieve Delacroix y, de haberlo encontrado, lo habría destruido. Desgraciadamente, el rencor también le hizo regalar casi todos sus cuadros para hacerle saber lo poco que valoraba su arte. Quién sabe dónde ha estado hasta ahora.
Fabricio asintió mientras observaba a Genevieve con sus penetrantes ojos azules.
—¿Y quieres que lo tase? ¿Cuánto te costó el que lo ocultaba?
—Mil libras.
Fabrice lo miró sorprendido.
—Parece mucho para la obra de un pintor amateur de «limitado mérito artístico» —Fabricio se inclinó hacia Zac—. Lo que me hace pensar que alguien más lo estaba buscando.
—Es imposible. Nadie sabe que sobrevivió al fuego.
—De eso no puedes estar seguro —Fabrice hizo una pausa de efecto dramático antes de continuar—. Ya sabes que este cuadro ha adquirido dimensiones míticas. Y también sabes que los Hudgens tienen muchos contactos —respiró profundamente—. Teniendo en cuenta que las elecciones están a la vuelta de la esquina y que Miles Hudgens piensa presentarse a ellas, tendría mucho que perder si el cuadro aflorara. ¿Viste a la otra persona que pujó por él?
Zac se puso en pie bruscamente y fue hasta el ventanal desde el que se divisaba un otoñal París sobre el que se superpuso una vívida imagen de Vanessa.
—Sí.
—¿Crees que era alguien relacionado con los Hudgens?
Vanessa Hudgens, hermosa y apasionada, desnuda sobre unos altos tacones.
—Sí.
Zac Efron no había conocido nunca la sensación de desear desear algo inalcanzable, pero la noche que había hecho el amor con Vanessa había cambiado muchas cosas… Aunque él prefería pensar que había sido sexo y no «hacer el amor». Sexo frenético y apasionado. En sus oídos resonaban las palabras de Vanessa cuando le había dicho que no había experimentado nada igual. Entonces él se había limitado a responder algo con brusquedad, pero lo cierto era que había sentido lo mismo. 
Había querido poseerla, marcarla para siempre, pero finalmente era él quien no lograba olvidar y a quien habían dejado plantado. Por eso la maldecía.
Fabrice carraspeó.
—Si es así, querido amigo, los Hudgens estarán buscando el cuadro, así que te recomiendo que extremes tus medidas de seguridad, ¿Has pensado en venderlo?
—No es mío, sino de mi padre.
—¡Qué lástima! ¿Y qué piensas hacer con él?
Zac frunció el ceño. Un nervio le latía en la frent
—Megan Fox es una antigua novia mía.
—¿La periodista? —Fabrice dejó escapar un silbido—. ¡Menuda víbora! Si publica la historia. Genevieve Delacroix va a convertirse en una celebridad —se sirvió una copa de coñac y la alzó hacia Zac—. ¡Buen trabajo! La venganza es siempre dulce.
Afortunadamente, el móvil de Zac sonó en aquel momento y no tuvo que contestar a Fabrice. Por más dulce que fuera, aquella venganza le había dejado un sabor insoportablemente amargo.

Vanessa llegó a Le vieux moulin en una oscuridad total. La ambulancia había tardado en aparecer y luego se había perdido por las pequeñas carreteras comarcales. Después de un tiempo que se le hizo interminable, por fin notó bajo las ruedas el camino adoquinado que conducía al molino, y los faros del coche iluminaron una casa vieja encalada, con una forma extraña y un tejado puntiagudo.
Vanessa dejó la bolsa en el coche y cruzó el patio. Estaba exhausta y el corazón le latía aceleradamente. Todavía no comprendía qué le había hecho ofrecerse a cuidar de la propiedad. Pero cada vez que recordaba la imagen desvalida del anciano comprendía de dónde había arrancado el impulso de protegerlo.
Abrió. Desde una puerta entreabierta a su derecha, salía la suficiente luz como para iluminar una habitación que parecía sacada de un cuento. Paredes encaladas, leña apilada, olor a humedad y manzana… Vanessa entró con paso vacilante. Reinaba un silencio absoluto, como si la casa estuviera esperándola. Sin apenas atreverse a respirar, fue de puntillas hacia la puerta entornada. Detrásestaba la cocina. Tenía el lecho bajo y una gran cocina de hierro dentro de una chimenea lo bastante grande como para una persona de pie. Todo lo que veía le hacía pensar en varios siglos atrás y le costaba imaginar que alguien viviera en aquella precariedad.
Suspiró profundamente y con manos temblorosas acarició la gran mesa de pino que ocupaba el centro de la habitación. En la pared colgaba un retrato. Vanessa se rodeó la cintura con los brazos para protegerse del frío y fue hacía él. Le recordaba a…
Súbitamente alguien la sujetó por detrás.
El pánico le nubló la mente al sentir un brazo tomarla por la cintura y echarla hacia atrás. Un centenar de pensamientos cruzaron su mente ofuscada, pero ninguno logró atravesar el terror que la dominaba. Abrió la boca para gritar, pero una mano se la cubrió.
Empezó a dar patadas y a removerse violentamente; su asaltante la sujetó con fuerza y la obligó a volverse.
El grito de terror que había tomado forma en su garganta se ahogó al mismo tiempo que su corazón dio un salto. Ante así, en lugar de los ojos febriles de un asesino en serie, tenía los azules ojos de Zac Efron.


3 comentarios:

  1. ya sabia yo ke el viejo al ke a atropellado era el padre de zac XD
    y ke el ke la habia sujetado en la casa era zac XD XD
    pero lo ke no se es lo ke va a pasar aora!!! (aunke no es dificil imaginarlo XD)
    asi ke siguela pronto!!
    ke me dejaste con intriga!!
    eso no se hace!!
    me encanto el capi!
    bye!
    kisses!

    ResponderEliminar
  2. Atropello nada mas y nada menos que al padre de zac?? .. haha que mal
    y Zac casi la mata de un susto..
    ahora que pasara??
    siguela amix
    esta super
    :D
    espero no la canceles ;)

    ResponderEliminar
  3. Oh...Por...Dios!
    Me encanta esta nove!
    siguela por favor!
    quiero saber que va
    a pasar!
    Besos. xoxo

    ResponderEliminar