martes, 31 de mayo de 2011

Cap 23




—He venido a despedirme.Por un instante el corazób se le paró a Nessa y sintió que le faltaba aire.
Zac debió ver el temor en sus ojos porque aclaró:
—Lo digo porque mañana salgo para Los Ángeles por un asunto de negocios y voy a estar fuera dos semanas. ¿Lo recuerdas?
Ness respiró aliviada. Se había olvidado por completo de aquel viaje. ¿Por qué se había alterado de esa manera?, se preguntó. Quizá porque después de que le hubiera dicho que necesitaba tiempo para pensar se había temido que había ido a decirle que lo suyo había acabado.
—¿Quieres pasar? —lo invitó, haciéndose a un lado.
—No; no tengo tiempo. He venido porque quería darte esto —dijo, tendiéndole un cheque.
Ness frunció el entrecejo.
—¿Un cheque? ¿Por qué?
—Por todo el trabajo que has hecho hasta ahora. Es mi manera de... bueno, de asegurarme de que seguirás aquí cuando regrese.
—No puedo aceptarlo —respondió ella, devolviéndoselo.
—No seas ridícula; te lo has ganado. Este es el motivo por el que viniste a Auckland.
—No, ése no es el motivo por el que vine —le espetó ella, alzando la voz sin darse cuenta—, pero tú estás tan ciego, que eres incapaz de verlo.
Zac dejó escapar un suspiro, hastiado.
—Está bien; ¿entonces por qué?
—Porque tu madre estaba enferma y tú estabas preocupado por ella.
—Mira, Ness no puedo quedarme a discutir ahora contigo; así que toma el cheque y ya hablaremos a la vuelta —le dijo, poniéndoselo de nuevo en las manos.
Nessa lo rompió por la mitad sin mirarlo siquiera.
—Ya te he dicho que no puedo aceptarlo; estaría incumpliendo el contrato que firmamos Ash y yo al traspasar Dream Occasions.
Zac la miró sin comprender.
—Hay una cláusula restrictiva.
—Pero si traspasaste ese negocio hace casi cuatro años; no puedo creerme que un contrato te impida trabajar en esta ciudad como organizadora de bodas pasados cuatro años.
—Por esa cláusula me comprometía a no trabajar para ninguno de mis antiguos clientes en cinco años, y ese plazo aún no ha prescrito.
—Pero si mi madre nunca fue clienta tuya...
—Tu madre no, pero tú sí porque organicé los preparativos de tu boda.
Zac se quedó callado.
—Así que lo siento, pero no puedo aceptar ningún pago —insistió ella.
—Podrías habérmelo dicho desde un principio.
—Lo hice, te lo repetí una y otra vez, pero tú no me escuchaste.
Zac exhaló un pesado suspiro.
—Parece que siempre te juzgo mal o no te escucho, ¿no es así? —murmuró—. Dios, qué desastre —murmuró, hundiendo el rostro entre ambas manos. Luego las dejó caer y la miró con tristeza—, Las cosas nunca cambiarán, ¿verdad?
—No pasa nada—contestó ella, encogiéndose de hombros.
Zac se quedó mirándola con una expresión inescrutable.
—No es cierto; claro que pasa —murmuró antes de alejarse.


La ausencia de Zac hacía que la casa le pareciese a Nessa terriblemente vacía durante los días que siguieron. De hecho, incluso le costaba concentrarse en el trabajo, pero finalmente llegó a un acuerdo consigo misma: regresaría a Tohunga a pasar unos días, pero sólo cuando hubiese completado las tareas que se había propuesto para esa semana. Así tendría un objetivo que cumplir.
La primera de esas tareas era hacer la distribución definitiva de los invitados en el banquete. Demi le había dicho que dejaba aquello a su criterio, pero era algo un tanto delicado, y finalmente decidió consultarlo con Starla, a quien encontró en el salón.
—Ah, Nessa... Pasa, pasa —le dijo, dejando a un lado la labor de bordado que estaba haciendo—. ¿Ha salido Taylor con Demi?
Nessa asintió.
—Le encanta ayudar a Demi en el jardín, aunque supongo que no es de extrañar, porque a todos los niños les gusta jugar con la tierra —le dijo junto a ella.
—Es un alivio verlo tan contento; parece que está superando el susto que se llevó.
Nessa asintió y se sentó. —Hum... Starla... hay algo que quería decirte. Dios, ¿por dónde empezar?, se preguntó Nessa.
—¿De qué se trata, querida?
—Pues... verás, necesito un descanso; quiero ir a Tohunga unos días para ver cómo van las cosas en el negocio, pero no tienes que preocuparte, porque volveré y ultimaré lo que queda de los preparativos de la boda.
—No me preocupa la boda, niña —le dijo Starla—; me preocupa que te vayas y no regreses nunca.
—Pues claro que volveré —le prometió Nessa.
—¿Cuándo te marchas?
—Estaba pensando que saldremos el viernes a mediodía. Así llegaremos a Tohunga por la tarde—noche.
Starla asintió, como pensativa.
—¿Lo sabe Zac?
—No, pero él va a estar fuera dos semanas y yo sólo estaré una en Tohunga. Estaré de vuelta cuando él regrese.
Starla suspiró.
—En fin, ¿qué le vamos a hacer?, si tienes que ir no voy a retenerte aquí —dijo finalmente—. Bueno, ¿vas a contarme ya lo de Taylor o no?
Nessa se sintió palidecer.
—¿Lo de... Taylor....? ¿A qué te refieres?
—Pues a que cuándo pensabas decirme que no es hijo tuyo.
—¿Tan obvio es? —musitó Nessa— ¿Cómo te has dado cuenta?
Starla sacudió la cabeza.
—Ay, Vanessa,Vanessa... Exceptuando el pelo castaño y los ojos es la viva imagen de Fliss. Los rizos, la forma almendrada del rostro, los hoyuelos...
—Y entonces... ¿por qué ayer fingiste que creías que era hijo mío... mío y de Zac?
—Porque esperaba que mi hijo abriera los ojos de una vez y se diera cuenta de que tu sitio está a su lado. Si se casaran, tú no perderías a Taylor, a quien es obvio que adoras, y Taylor tendría el amor de una madre y de su padre biológico.
—No. Starla, espera un momento —murmuró Nessa. Aquello no iba a resultar fácil, pero tenía que decirle la verdad— Starla... Taylor no es hijo de Zac.
—Por supuesto que sí; tiene los ojos de la familia.
—No, ésos son los ojos de Ash.
—Ya sé, ya sé que Ash tenía los ojos azules, pero no eran de un azul tan intenso; esos ojos idénticos a los de mi marido David que en paz descanse, y a los de mis hijos.
Nessa negó con la cabeza, aturdida.
—No, te equivocas —le insistió tomándola de las manos—. Escucha, sé que esto va a ser un duro golpe para ti, pero Ash no amaba a Zac. Estaba enamorada... de otra persona.
—No me dices nada que ya no supiera —replicó la mujer.
Nessa la miró, patidifusa.
—¿Lo sabías? Pero... ¿cómo?
—Soy madre, Ness. Supe desde el primer momento que Ash no quería a mi hijo... y que él tampoco la quería a ella. Los dos tenían sus motivos para casarse, y ni en el de ella ni en el de él era por amor. No, yo no estaba conforme con ese matrimonio, y tú lo sabes. Me decepcionó mucho la elección que hizo mi hijo.
—Starla, Taylor es hijo de...
—Shhh... Calla, niña; no digas algo de lo que luego puedas arrepentirte. Taylor es hijo de Zac, y así será en cualquier caso cuando se casen.
—No, no vamos a casarnos —le dijo Nessa con firmeza—. Me siento halagada de que quieras que forme parte de tu familia, pero no puede ser. Jamás funcionaría.
Starla se recostó en el asiento y suspiró.
—¿Sabes? Le dije a ese cabezota de hijo mío que no regresara a Auckland sin ti, y por primera vez en su vida hizo lo que le había pedido —le dijo—. Quería que volviese a verte y que se enamorase de ti. Estoy tan segura de que seríais felices el uno al lado del otro...
Nessa esbozó una sonrisa triste.
—Sé que tu intención era buena, pero no deberías haber intentado hacer de casamentera, Starla.
La madre de Zac volvió a suspirar y le lanzó una mirada extraña de reojo.
—Pues hay otra cosa que no debería haber hecho, pero no te hablaré de ello, porque es algo que podría hacer que la situación se complicase aún más. Debería haber dejado esto en manos del destino.
Nessa frunció el entrecejo, preguntándose qué sería aquello de lo que no quería hablarle, aunque luego sonrió y le dijo:
—Pero si lo hubieras dejado en manos del destino, tal vez no habríamos vuelto a vernos.
Los ojos de Starla se humedecieron.
—Oh, Nessa... Eres la hija que siempre quise haber tenido. Tan buena, tan cariñosa...
Ness sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
—¿Sabes?, la verdad es que no recuerdo apenas a mi madre, pero en mis sueños es exacta a ti —le dijo antes de besarla en la mejilla—. Respecto a Zac y a mi…Hay química entre nosotros, pero hemos acordado darnos un poco de tiempo —añadió—. Voy a echarte de menos estos días, pero como te he dicho pienso volver. Aunque tienes que prometerte que no intentarás hacer de casamentera de nuevo —le advirtió.
—No lo haré; lo prometo, aunque a veces, por mucho que Zac sea mi hijo, se merecería una patada en el trasero.
Nessa a pesar de su tristeza, no pudo evitar reírse.

El viernes por la tarde, tras una larga jornada de trabajo y después de darse una ducha, Zac salió al balcón de su suite a contemplar el atardecer. No podía dejar de pensar de pensar en Ness.
Sólo entonces estaba empezando a darse cuenta del tremendo error que había cometido cuatro años atrás. Se había sentido atraído por Ness, pero la había despreciado, dejándose llevar por sus prejuicios, y se había casado con su mejor amiga para darle a su madre los nietos que ansiaba. Sí, se había casado con ella por razones completamente equivocadas, igual que había hecho Ashley al aceptar su proposición.
En su entierro había mirado a Ness con resentimiento, pero lo cierto era que se había sentido aliviado porque su matrimonio había sido un desastre y la muerte de Ashley lo había liberado.
Sin embargo, había sido demasiado pronto para que admitiese siquiera para sus adentros el inmenso error que había cometido. Su arrogancia se lo había impedido.
No había replicado a su madre cuando ésta le había dicho que Rebecca no podía tener la culpa de que Ashley lo hubiese abandonado, y estaba empezando a pensar que no lo había hecho porque en el fondo sabía que era él quien había estropeado todo; él, no Ness.
Durante aquellos días lejos de Auckland había tenido mucho tiempo para reflexionar, y se había dado cuenta de que era un cobarde. Nunca le había dicho a Ness lo que sentía por ella.
Le había pedido tiempo, pero aquello no había sido más que una excusa. Si quería formar parte de la vida de Ness y de Taylor tendría que dejar atrás sus miedos y actuar.
Volvió dentro de la suite y tomó su teléfono móvil de la mesita sobre la que lo había dejado. Demi contestó el teléfono y le dijo que Ness no estaba, que se había ido unos días a Tohunga para ver cómo iba su negocio, y que no estaba segura de cuándo regresaría.
Después de colgar Zac miró la hora en su reloj. En esos momentos Ness estaría probablemente en Chocolatique. Podría llamar allí, pero lo que tenía que decirle sería mejor que se lo dijese cuando estuviesen cara a cara, pensó.
Tomó su agenda y comenzó a pasar hojas. Casi no tenía un hueco libre en tres semanas. Frunció el ceño.
La semana siguiente estaría todavía allí en Los Ángeles; tenía una serie de compromisos ineludibles, pero después de esa semana…
Tomó un bolígrafo y comenzó a tachar todas las anotaciones de la última quincena del mes. Tendría que posponer todas esas citas y reuniones; iba a tomarse dos semanas libres para poner en orden su vida; iba a mover ficha.


bueno aki esta el capii ;)
alice y natasha valeska no se q pasa q no me deja comentar en sus noves :$
a ti alice te pude comentar en anonimo pero a natasha no se q pasa pero no puedo comentarr!!! :(  aprovechare aki a decirte q me encanto el final!!! y esperare a q salga  la nueva nove!  byee!! las quieroo graxx x comentar

lunes, 30 de mayo de 2011

Cap 22 ;)




—Taylor...Taylor es mi hijo —balbució en un hilo de voz, la mirada perdida.
—¡No!
Zac se volvió hacia ella.
—Acabas de decir que es hijo de Ashley —le recordó en un tono acusador—. ¿Cómo has podido ocultarme esto durante todo este tiempo?
—Zac, yo...
—¿Qué? ¿Tú qué?
—Quería decírtelo; pensaba decírtelo.
—¿Cuándo?
—Intenté hacerlo... Intenté decírtelo antes de que...
«Antes de que hiciéramos el amor», habría querido decirle. Sin embargo, ¿cómo podría siquiera pronunciar la palabra «amor» cuando Zac estaba allí plantado mirándola con el rostro desencajado por la ira?
—Tú... tú me robaste a mi hijo.
—¡No!, ¡Taylor no es hijo tuyo!
—¿Por qué te empeñas en decir eso? Acabas de confesarme que es hijo de Ashley —repitió él obstinadamente.
—Zac yo... habría preferido no tener que decirte nunca esto...
—¿Decirme qué?
—Pues que Ash...
—¿Qué? ¿Qué más tienes que decir de ella? Habla de una vez, maldita sea.
—Ash estaba enamorada de mi hermano; James le pidió que se casará con él.
—¿Estaba... enamorada de tu hermano? —repitió Zac aturdido.
Nessa asintió.
—Para entonces ya había superado su adicción a las drogas. Si no, no se lo habría propuesto.
—¿Y si lo amaba, por qué diablos no se casó con él?
—Porque como te he dicho antes Ash era muy insegura. Tienes que entenderlo; perdió a sus padres a los nueve años; los cambios la aterraban. Lo que más ansiaba en la vida era tener a su lado a alguien que le diese seguridad. La enfermedad de James le daba muchísimo miedo. No podía soportar la idea de casarse con él para verlo morir. Y entonces te conoció a ti; eras rico y...
Zac se cruzó de brazos.
—¿Estás diciéndome que se casó conmigo por mi dinero?
—No, no es eso; no me has dejado terminar. Eras un hombre rico e influyente, sí, pero también fuerte, con confianza en ti mismo, respetado por los demás. Esas eran las cualidades que Ash buscaba en un hombre, porque pensaba que al lado de alguien así nada podría salir mal.
—Pero no fue así —le recordó él—. Me dejó cuando apenas llevábamos casados seis semanas. Se marchó contigo sin darme siquiera una explicación. Volvimos del viaje de luna de miel y después se fugó.
Era evidente que aquello no le había sentado nada bien. Nessa imaginaba que para su ego debía de haber sido algo difícil de encajar.
—Debieron reírse de lo lindo las dos cuando leyeron sobre ello en los periódicos, todo eso que dijeron sobre mí; en una revista se preguntaban en qué clase de monstruo me convertía por las noches para que mi esposa me hubiese abandonado seis semanas después de la boda.
—No tenía ni idea —murmuró ella—. No leíamos los periódicos. James... el cáncer se estaba extendiendo. James había decidido probar con la quimioterapia. Me pidió que se lo dijera a Ash. La única razón por la que se marchó fue porque James quería verla antes de empezar con el tratamiento. Estaba aterrado —hizo una pausa y suspiró—. Creo que aquel día Ash maduró de golpe. Se dio cuenta de que no podía seguir enterrando la cabeza en la arena como un avestruz. James la amaba, la necesitaba.
Las lágrimas no le dejaban ver con claridad a Zac. Parpadeó y se pasó el dorso de la mano por los ojos para enjugarlas.
—Yo no creía que fuese a hacer lo que hizo. De hecho James estaba aquí, en Auckland, porque tenía una última consulta con el médico antes de empezar el tratamiento, pero cuando Ash lo vio...
Su amiga se había sentido muy mal por haber abandonado a James, por haber traicionado su amor, casándose con otro nombre, y también culpable por no haber permanecido a su lado cuando le habían diagnosticado el cáncer. Ese día Ash había afrontado por fin la realidad, se había dado cuenta de que no podía seguir huyendo, y de que quería permanecer al lado de James durante el tiempo que le quedase de vida. Había una pequeña posibilidad de que pudiese llegar a curarse, y se aferró a eso, optando esa vez por traicionar a Zac y sus votos matrimoniales.
—Los pocos días antes del tratamiento se quedó con James en mi apartamento, y unas semanas después de que James empezara con la quimioterapia descubrieron que Ash estaba embarazada —Nessa tragó saliva—; parecía un milagro.
—Pero aún era mi esposa —gruñó Zac.
—Y eso era lo único que empañaba la felicidad que sintieron al enterarse de que Ash estaba embarazada —le dijo Ness—. Sabían que tendrían que esperar los dos años que establece la ley antes de que Ash pudiese divorciarse de ti, y James tenía miedo de que para entonces hubiese muerto, así que decidieron vivir el día a día sin preocuparse de nada más. James estaba convencido de que el bebé era una señal de que iba a curarse, de que viviría, pero seis meses después el cáncer había vuelto a su cuerpo y esa vez los médicos no se mostraron muy optimistas. Sin embargo Ash y James se negaban a rendirse. Estaban convencidos de que James lograría superarlo.
Por desgracia, sin embargo los dos fallecerían antes de que pudiesen saber si James se habría curado o no. El día en que murieron, James llevaba una semana sin demasiadas molestias, faltaba poco para que Ash saliera de cuentas, y los tres iban a asistir a una fiesta que unos amigos habían organizado en honor de James.
Nadie habría podido imaginar que tendrían un accidente de coche. James había muerto en el acto. Ash y ella habían sobrevivido, pero al día siguiente de dar a luz en el hospital, Ash fallecía también. Antes de morir únicamente había tenido tiempo de ponerle por nombre a su pequeño Taylor James, y de firmar un testamento en el que la nombraba su tutora legal.
A Ness no le habían quedado secuelas del accidente... a excepción de la horrible sensación de ser la única que había sobrevivido.
—Yo... lo entiendo —murmuró Zac—; supongo que yo habría hecho lo mismo, pero no me parece que fuera justo que se marchara como hizo. Me debía una explicación.
Nessa se encogió de hombros y se puso de pie. —Temía que estuvieras enfadado con ella. Creía que irías a buscarla, y había pensado que entonces te lo explicaría todo.
—Lo dudo —replicó él—; más bien habría dejado que fueses tú quien me lo explicases... sólo que nunca fui a buscarla.
—No, en vez de eso le enviaste un acuerdo de divorcio —recordó ella.
—Y también le concedí una generosa cantidad; ¿qué fue de ese dinero? —quiso saber Zac.
Nessa no podía creerse que le estuviese preguntando aquello.
—Ahora forma parte de un fondo a nombre de Taylor en el banco que pasará a su disposición cuando cumpla veinticinco años —le respondió, alzando la barbilla—. Entonces podrás demandarlo si quieres para que te lo devuelva.
—Jamás le haría eso al chico —replicó él, sintiéndose insultado—; no necesito el dinero. Lo que me gustaría saber es por qué Ashley se casó conmigo cuando amaba a otro hombre.
Ness exhaló un suspiro. —Yo también me he preguntado eso una infinidad de veces. Al principio creía que lo suyo con James no podría funcionar, no cuando él se negaba incluso a hablar del cáncer, a someterse a ningún tratamiento, y quería hacer como si no estuviese enfermo. Además a Ash la aterraba quedarse sola cuando el muriese, y creo que tenía la esperanza de que con el tiempo llegaría a quererte.
Ella misma se había aferrado a esa esperanza, a la esperanza de que el matrimonio entre ambos funcionaría, porque así al menos habría valido la pena que hubiese sufrido todo lo que había sufrido.
—¿Y tú —inquirió Zac curioso—, qué pensabas tú de todo eso?
Nessa apartó la vista.
—Las decisiones que Ash tomó las tomó libremente, sin que yo interviniera en ellas.
—Pero tú no aprobabas que se casara conmigo.
—No, es verdad —asintió ella—; le dije que no debía casarse contigo, que no era justo, pero a ti no podía contarte la verdad. Te había ocultado su relación con mi hermano y yo no era quién para delatarla. Intenté convencerla de que los dos sufriríais si se casaba contigo, pero... —dejó la frase en el aire y se encogió de hombros.
—Es una lástima que ninguno de los dos siguiéramos tu consejo. Yo fui tan estúpido y arrogante, que creí que no querías que me casara con ella porque me querías para ti. No sé cómo no me di cuenta de lo equivocado que estaba; al fin y al cabo cuando empecé a salir con Ash no volviste a intentar flirtear conmigo ni una sola vez.
—Me temo que eso no es cierto del todo —murmuró Ness con una sonrisa triste—. ¿Recuerdas el día del ensayo de la ceremonia, la noche antes del día de la boda?
—¿Cuándo me rogaste que no me casara con Ashley? ¿Que los dos lo lamentaríamos? ¿Cuando me negué a escucharte y te lanzaste a mis brazos para besarme? ¿Cómo podría haberlo olvidado?
—Tú respondiste al beso —murmuró ella.
—Habría sido de hierro si no lo hubiese hecho —contestó él—. Aquello debería haberme hecho entrar en razón; pero en vez de eso pensé que me había vuelto loco, que estaba bajo el embrujo de una mujer a la que...
—A la que despreciabas —terminó ella.
—Sí, es verdad, no voy a negarlo —asintió Zac en un tono quedo—, pero también me engañé a mí mismo a ese respecto. En realidad me aterraba ese poder que parecías ejercer sobre mí.
—Y por eso me dijiste que no volviera a acercarme a Ash después del día de la boda.
Zac se frotó la nuca.
—Creo recordar que te insulté, y no estuvo bien, pero buena parte de esa ira que descargué sobre ti iba dirigida a mí mismo. No podía creerme que hubiera respondido a ese beso, que hubiera sido tan débil como para traicionar a Ash. Siempre me había considerado un hombre de principios —le dijo—. Pero, a excepción de esa noche, es cierto que no intentaste flirtear conmigo ni una sola vez desde que Ash y yo empezamos a salir. Y tampoco te mostraste jamás hostil con ella. ¿Por qué?
—Ash era como una hermana para mí. Jamás podría haberla odiado.
—¿Ni siquiera cuando te quitó al hombre al que deseabas? —murmuró Zac—. Debo decir que admiro tu lealtad. Es una lástima que Ashley no te correspondiera.
—Supongo que nunca llegó a darse cuenta de... bueno, de lo que sentía por ti.
Zac la miró con incredulidad y Nessa enrojeció.
—¿Tan obvio era que me gustabas? —dijo, algo azorada—. Después de que Aaron muriera pensé que no volvería a casarme, pero entonces te conocí a ti y fue como... no sé, saltaron chispas. Era algo que no podía controlar. Pensé que estábamos hechos el uno para el otro.
—Lo siento —murmuró Zac acariciándole la mejilla con el dorso de la mano—. Fui muy cruel contigo. Y además hice caso de todos esos rumores que circulaban sobre ti; únicamente creí lo que quería creer.
—Algunos hombres intentaron seducirme —le confesó Ness—, tanto estando casada con Aaron como cuando murió.
—¿Y los mandaste a paseo?
Ella asintió.
—Pero por desgracia algunos hombres tienen muy mal perder. Supongo que algunos no querían que se supiese que los había rechazado, y comenzaron a inventar historias.
Zac sacudió la cabeza y se pasó una mano por el cabello.
—Dios... Han pasado tantas cosas en los últimos días... Necesito reflexionar sobre todo esto, Nessa; necesito tiempo.
La joven se mordió el labio inferior. Aquél era el momento que tanto había temido. Durante todos esos días había tenido el presentimiento de que el entendimiento que había surgido entre ellos no sobreviviría a la sombra alargada del pasado.
—¿Quieres que Taylor y yo nos marchemos?
—No —contestó él al instante—; no, por supuesto que no. Es sólo que necesito tiempo para reorganizar mis ideas. En estos días me he dado cuenta de que estaba equivocado en muchas de las cosas que pensaba, y también he descubierto cosas de mí mismo que no me agradan demasiado. Necesito tiempo para digerir todo esto.
Nessa bajó la vista. Todo aquello era por ese exacerbado sentido del honor que tenía, se dijo. No podía perdonarse el haber respondido a aquel beso estando prometido a otra mujer; veía aquello como una debilidad, y sin duda estaría convencido de que cada vez que la mirase recordaría cómo le había fallado a Ash.
—Lo comprendo.
—No, no lo creo —replicó él con un suspiro de frustración—. Escucha, tengo que...
—¡Nessa ya estamos de vuelta! —se oyó la voz de Demi en el pasillo.
Zac maldijo entre dientes, y segundos después se abrió la puerta del dormitorio.
—Oh, cuánto lo siento —murmuró Demi, llevándose una mano a la boca.
Zac masculló algo en griego y salió de la habitación, dejando aturdida a la pobre Demi...


Nessa acababa de dejar a Taylor dormido en su cama cuando llamaron a la puerta de su habitación. Se apresuró a abrir antes de que volvieran a llamar, y para su sorpresa se encontró con Zac.
—He venido a despedirme...
Por un instante el corazón se le paró a Ness y sintió que le faltaba el aire....
akiii capii!!!!!!! hahaha espero q les haya gustado!!!!
ahi esta la verdad de Vanessa,
pero... falta algoo mas;algo q descubriran
q sera?? hahaha eso sera despue
chikas la nove se esta acabando  asi q para las q no lo saben tengo otra nove llamada AMANTE FANTASMA este es el link http://zacyness-novelas.blogspot.com/ comenteen!!
bueno bye byee las quieroo