Mientras que la pequeña parroquia de St Saviour, en el corazón rural del distrito electoral de Miles estaba delicadamente iluminada por velas, en el exterior no dejaban de estallar los cegadores flashes de los fotógrafos. Debido a los sucesos acaecidos, la boda del político se había puesto al nivel de la de una figura de la realeza.
Ashley había actuado como relaciones públicas magistralmente.
Desde el momento en que la noticia estalló y ella y Vanessasalieron del hotel de París, trató con la prensa con agradecida sinceridad y contribuyó a humanizar a la familia Delacroix-Hudgens. Expresó la preocupación de todos por la herida de Zac Efron y dijo que confiaba en que la muerte de Philippe Delacroix, quien evidentemente padecía un trastorno mental, marcaría el final de la duradera disputa entre ambas familias.
Al día siguiente, la fotografía de La Dame de la Croix aparecía en todos los periódicos y Genevieve Delacroix se convertía en una celebridad. Su prolongado silencio convirtió las llamas de la curiosidad de la prensa en una hoguera, a lo que contribuyó sutilmente Ashley filtrando información sobre el cuadro y la apasionada y trágica historia, a lo Romeo y Julieta, que había tras él. La transformación de los fríos y adinerados Hudgens en misteriosos y románticos aristócratas, tuvo lugar ante los ojos del mundo con calculada precisión.
Los flashes se dispararon cuando el Rolls Royce que conducía a la novia y a su padre llegó a las puertas de la iglesia y Ashley emergió de él.
Vanessa la observó girarse brevemente hacia las cámaras antes de tomar el brazo de su padre y acercarse hacía ella que, vestida de negro, la esperaba como dama de honor, a la puerta de la iglesia.
—Estás preciosa, Ashley —dijo.
Era verdad. En la mortecina luz de aquella tarde de noviembre, Ashley resplandecía. Los blancos y negros que habían elegido originalmente como motivo de la ceremonia por el suelo ajedrezado de la iglesia, hacían que los ricos colores de la cruz Delacroix refulgieran sobre su pecho.
—Gracias, cariño —cuidando de no estropear los bouquets que portaban, abrazó a Vanessa—. Tú también.
Vanessa se separó con una risa seca. Las dos sabían que, a pesar de los esfuerzos del equipo de maquilladoras, que habían conseguido devolver algo de color a sus mejillas, su aspecto dejaba mucho que desear.
—Como es el día de tu boda, evitaré llamarte mentirosa —bromeó.
Ashley le apretó la mano.
—Estás siendo maravillosa, querida —dijo con energía—. Y me daría lo mismo que hubieras venido con la cabeza afeitada y llena de tatuajes. Sé que todo esto…—indicó la iglesia llena de gente—, es lo último que necesitas, y le agradezco el esfuerzo que has hecho.
—No sé si Miles opinaría lo mismo de los tatuajes —dijo Vanessa, esbozando una sonrisa—. Me temo que su imagen pública se resentiría.
—Tú eres mucho más importante para él. Sabes que bajo su fría apariencia, te quiere con locura.
Vanessa se estremeció.
—Será mejor que evitemos mencionar la locura cuando hablemos de mi familia. Vamos, acabemos con la ceremonia y empecemos con el champán.
Al oír los primeros acordes del Canon de Pachelbel. Vanessa tomó aire y apretó con fuerza el bouquet de rosas rojas. Al perfume de las flores se sumó el denso olor del incienso y de la cera del interior, que la invadió al seguir a Ashley por el pasillo central.
Afortunadamente, los invitados estaban demasiado pendientes de la novia como para prestarle atención y ver su expresión desolada.
Caminando a hurtadillas para evadir a la prensa, Zac se apoyó en una lápida. Con cada paso sentía el roce de sus dentadas costillas. El ejercicio hacia que le ardieran los pulmones. Se había dado de alta del hospital en contra de la opinión médica, pero estaba convencido de que si no lograba hablar con Nessa aquel día, corría el riesgo de no volver a verla nunca.
De todos los recuerdos nebulosos pasados bajo el efecto de la morfina, sólo uno era nítido: la obsesión por localizarla.
Pero los Hudgens habían cerrado filas en torno a ella y ni sus cartas, ni sus llamadas, ni sus visitas a la tienda de Nolling Hill habían servido de nada. Hasta que el día anterior, Celia se había compadecido de él y le había dicho dónde se celebraría la boda. Sólo allí podría ver a Vanessa, y la mera noción de tenerla cerca lo impulsaba con fiera determinación.
Respirando entrecortadamente, se irguió y continuó hacia un arco de entrada en el lateral de la iglesia. El servicio estaba avanzado. La música y la luz de las velas lo envolvieron en cuanto abrió una ranura y se deslizó al interior. Había llegado en el momento preciso. Terminaba un himno y pudo aprovechar el rumor de la gente sentándose y moviendo las páginas para situarse en la nave lateral sin ser visto.
Vanessa estaba detrás de los novios, hacia un lado. Tenía la cabeza inclinada y las velas iluminaban su cabello y sus desnudos hombros. En medio del ambiente de celebración, su rostro componía una expresión de profunda tristeza.
Zac se apoyó en un pilar. El súbito dolor que sintió en el pecho no fue físico, sino causado por la joven vestida de negro que tenía a unos metros de distancia. La mujer con los labios temblorosos y las mejillas humedecidas por unas sordas lágrimas. La mujer que en aquel momento alzó la mirada y lo vio.
—El amor es paciente, amable… —leía el pastor desde el pulpito.
Se miraron atormentados, próximos en distancia pero separados por un continente de tristeza e incomprensión.
Zac apretó lo puños para contener el impulso de ir al altar, estrecharla en sus brazos y besarla hasta hacer desaparecer las sombras de su rostro.
—El amor lo soporta todo, cree en todo…
Vanessa parpadeó como si sintiera dolor. Zac tuvo que desviar la mirada al tiempo que apoyaba la frente en la columna. Y en ese momento supo que todo aquello que le había importado en su vida no significaba nada. Ni el dinero, ni el respeto, ni la venganza…
La lectura concluyó. El pastor bajó del pulpito y se produjo un murmullo entre los congregados mientras los testigos acudían a firmar.
Vanessa vio que Ashley se volvía para asegurarse de que estaba bien y que le indicaba que los siguiera hacía la parte de delante de la iglesia, hacia la sacristía. Hacia Zac.
Bajó la mirada. Llevaba días anestesiada, intentando no sentir, no pensar. No podía permitirse ni un atisbo de esperanza.
Zac se apoyaba en una columna. Era absurdo intentar no mirarlo, tan inútil como pretender no amarlo. Se le secó la boca y se le rompió el corazón al ver su rostro surcado por marcas de dolor. Zac se separó del pilar cuando los novios pasaron a su altura. Vanessa vio a Miles lanzar una mirada en su dirección, pero Ashley le hizo continuar con un gesto decidido al tiempo que le decía algo quedamente.
Vanessa aminoró el paso. Ni ella ni Zac hablaron. Por un instante, se limitaron a mirarse. Entonces él dio un paso hacia ella e, instintivamente, los dos se movieron hacia las sombras del rincón de la nave.
Zac no hizo ademán de tocarla y Nessa se sintió aliviada pues sabía que las defensas que había erigido a su alrededor no eran más que un fino vidrio que él podía romper con sólo rozarlo. Pero, por otro lado, sus manos temblaron por el deseo de alargarlas hacía él. Para evitarlo, acarició los pélalos de las flores y fijó la mirada en ellas.
—Tienes la costumbre de aparecer cuando menos lo espero —dijo con un hilo de voz.
—Y tú, de desaparecer.
Vanessa frunció el ceño. La crueldad de sus palabras le hizo desear refugiarse en un lugar seguro donde nada pudiera dañarla.
—Lo siento, Zac pero no creo que pueda soportar tus juegos de palabras «ni ninguna insinuación de lo que sucedió entre nosotros»—. ¿A qué has venido?
Zac metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros. No sabía por dónde empezar.
—Para darte las gracias —dijo precipitadamente. Y rió con amargura—. Debes de haberme contagiado tus buenos modales.
En el otro extremo de la nave. Miles y Ashley se contemplaban amorosamente, posando para las fotografías. Para Vanessa el contraste entre las dos escenas fue insoportable.
—¿Gracias, por qué?
—Por salvarme la vida —dijo él, como un cable en tensión.
Sin darse cuenta. Vanessa había arrancado un pétalo y la roja mancha en su dedo le recordó la sangre en el pecho de Zac, su corazón sangrando mientras la oscuridad los rodeaba.
—No hice más que lo que me dijiste que hiciera —dijo ella, inexpresiva.
—Pero lo hiciste. Eso es lo que importa.
Vanessa sacudió la cabeza con una sonrisa de tristeza.
—Era lo menos que podía hacer. Después de todo fue el loco de mi tío quien casi te mata, y fui yo quien le habló del cuadro. Así que en cierta medida, tuve la culpa.
—Eso no es verdad. Fue culpa mía —dijo él entre dientes—. Me lo merecía.
Vanessa al fin alzó la mirada. El rostro de Zac no delataba ninguna emoción y en aquel momento, lo odió por todo el daño que le había causado.
—Puede que sí —dijo lentamente—. Lo merecías. Y tengo que reconocer que, de haber tenido yo el rifle, también te habría disparado. ¡Me utilizaste, Zac!
Sus últimas palabras fueron casi como un grito de angustia. Zac se irguió y pareció más distante que nunca.
—Tienes razón. Así fue como empezó todo. Eras una Delacroix Hudgens y quería hacerte daño, quería que el mundo supiera lo que habíais hecho. Por eso te seduje —se frotó la cara con la mano y rió con amargura—. Pero fui yo quien recibió el castigo.
—Sí —dijo Vanessa enfurecida—. Una bala en el pecho es lo mismo que había recibido yo.
Zac sacudió la cabeza.
—Ese no fue el castigo; sólo se trató de un accidente.Mi castigo fue enamorarme de ti —dijo débilmente—, y saber que no te merezco ni nunca te mereceré.
En aquel momento, los novios y los testigos abandonaron la sacristía y salieron de la iglesia.
Vanessa se quedó paralizada. Luego, caminó varios pasos alejándose de él con expresión concentrada, como si intentara recordar algo.
—Pero estabas enamorado de Veronique… —dijo en tono lastimero—. Lo sé…
Zac le bloqueó el paso.
—¿Qué? ¿De dónde te sacas eso?
Irguiéndose cuanto pudo y con actitud digna. Vanessa se concentró en ignorar las manos de Zac sobre sus hombros desnudos.
—Era su nombre el que pronunciabas constantemente en el hospital, Zac, no el mío. Era a ella a quien deseabas ver. Y luego supe que era a ella a quien ibas a ver en París y para quien habías comprado aquella preciosa lencería…
Zac la sacudió con suavidad.
—Mon Dieu (Significa,Dios Mio) … ¡Era para ti! —gimió—. La ropa era para ti porque toda la tuya es negra —deslizó la mirada sobre el vestido que llevaba en aquel instante—. El negro significa infelicidad, falta de amor. Y no quería que volvieras a sentir nunca más ninguna de las dos cosas.
Vanessa se tapó los oídos para ahogar aquellas maravillosas palabras. Temía estar perdiendo el juicio.
—Pero, ¿y el artículo? —prácticamente gritó—. ¡Durante todo el tiempo estabas colaborando con ella para que escribiera un artículo que destrozaría a mi familia!
—¡Por eso tenía que verla aquel día! —Zac habló muy lentamente. Tomó el rostro de Vanessa entre sus manos y la obligó a mirarlo—. Nessa, lo siento. Iba a encontrarme con ella para impedir que publicara el artículo… —enredó los dedos en su cabello—. Necesitaba decirle que no quería hacer daño a una familia a la que quiero pertenecer.
Las mejillas de Nessa se humedecieron. Beethoven sonó triunfal en el órgano, señalando el final de la ceremonia.
—¿Qué? —musitó Vanessa al verle mover los labios.
—Te amo —repitió él—. Quiero casarme contigo.
Vanessa no contestó. No pudo, porque sus labios no habían podido resistir ni un segundo más y habían encontrado los de él. Pasó un rato antes de que volviera a hablar.
Cuando se separaron, el bouquet estaba en el suelo y el lápiz de labios se le había borrado. Igual que la primera noche, en la Tale, sus labios adquirieron el rojo de los besos. Se separó de Zac y le sonrió a través de las lágrimas.
—¡Has dicho gracias, lo siento y por favor en cuestión de minutos!
La sonrisa de Zac hizo que el corazón le diera un salto de alegría.
—Ejerces una maravillosa influencia sobre mí —dijo con voz ronca—. Te necesito. Sin ti soy un desagradable bárbaro. Dime que me amas o estoy perdido.
—Eso es chantaje —bromeó ella.
Zac rió y la estrechó en sus brazos con una disimulada mueca de dolor.
—¿Y qué? Así se han relacionado siempre nuestras familias.
La iglesia estaba vacía. En el exterior, se oía el murmullo de la prensa y se veían destellos de cámaras. Las campanas repicaban.
Vanessa y Zac permanecieron en el centro de la nave, aislados de los demás por la necesidad que sentían de estar a solas.
—Debería salir —musitó Vanessa, sin moverse.
—Hace demasiado frío —protestó él, besándole la comisura de los labios—. Llevas un vestido completamente inadecuado. Y no quiero volver a verte de negro —besándole la cabeza, metió la mano en el interior de su chaqueta y las velas iluminaron algo colorido antes de que Vanessa sintiera cómo Zac le cubría con el chal y la atraía hacia sí.
—¿Dónde lo has encontrado? —preguntó, emocionada.
—En la tienda de Celia. Como no contestabas a mis llamadas, acabé yendo en persona. En cuanto lo vi me recordó a…
—Olympia. Lo sé. Lo compré la mañana que te fuiste a París —por un instante la angustia se volvió a apoderar de Vanessa—. Y cuando llegué aquí no podía soportar verlo. Por eso se lo di a Celia.
Zac la abrazó con ternura.
—Ahora ya lo tienes.
Vanessa apoyó la cabeza en su pecho y escuchó el rítmico latir de su corazón.
—Y a ti —levantó la cabeza para mirarlo—. ¿Me lo imagino o acabas de pedirme que me case contigo?
—Sí, pero no me has contestado —dijo él con expresión seria—. ¿Eso significa que me rechazas?
Vanessa le rodeó el cuello con los brazos y los coloridos flecos del chal bailaron a la luz de las velas.
—¿Estás de broma? ¿Crees que dejaría pasar la oportunidad de una boda como ésta, con rosas y velas… y trescientos invitados… un maravilloso vestido…, y, por supuesto, los diamantes Delacroix…?
Zac se apoyó en un banco y la miró fijamente con ojos brillantes.
—Lo que tú quieras.
Vanessa le devolvió la mirada.
—¡Zac estoy bromeando! —exclamó, risueña.
—¡Qué lástima! —dijo él, retirándole un mechón de cabello de la cara—. Empezaba a animarme. El collar te quedaba muy bien.
Vanessa lo miró de una forma que le aceleró la sangre.
—Está bien. Llevaré la cruz… —Nessa bajó la voz hasta hacerla apenas inaudible—, ¿pero podemos eliminar a los invitados?
—Trato hecho —dijo él con fingida solemnidad—. ¿Y podemos prescindir del vestido?
—¡También! —Vanessa se alzó de puntillas para besarlo—. Sí, por favor. Esto cada vez se parece más a mi boda ideal…
Epilogo
4 años despues...
-¡Eres un MALDITO IDIOTA! la peor persona del mundo! ¿Como pudistes!!? -Gritó Vanessa enojada!
-Tú siempre me culpas de todo-Se defendió Zac-Pero y tu!? Nunca te das cuenta de tus errores, porque es más fácil culpar a los demás, ¿No?
-Rio sin humor-Yo no soy la que está destruyéndolo todo, eres tú
-¿Yo?-Preguntó sarcástico-
-Sí, ¿Que no te das cuenta de todo lo que hemos tenido que pasar por tu culpa? Eres el peor esposo del mundo!
-Si Soy el Peor Esposo del Mundo como dices,deberiamos devorciarnos!No sabes cuanto Me arrepiento de haberme casado contigo!-le grito Zac
-Te Odio!
Asi es Zac y Vanessa estaban "discutiendo"..
En estos ultimos 4 años cuando Vanessa tuvo su primer bebe a la cual llamaron Jenny .Una niña traviesa bastante parecida a Zac..con el cabello igual de su mama Vanessa..
Han pasado increibles momentos.Momentos de Risas,Familias,Julien,el padre de Zac decidio,por la insistencia de Vanessa,mudarse junto con ellos,igual Genevieve la abuela de Nessa, con el tiempo ellos se fueron fisicamente pero espiritualmente aun se les persibe felices como deberian de serlo..
Ashley la cuñada de Vanessa se dedico hacer obras,mientras que Miles sigue con su trabajo pero ya desmuestra mas cariño a la familia,en especial con su hija Ann y su sobrina Jenny..
-¡Otra!-Gritaron Jenny y Ann.
-Quizá mañana-Se rio Vanessa mientras se acercaba a besar a Zac quien reía a carcajadas-Ashley va a tener que dejar de molestarnos a Zac y a mí
-Oh, no seas aguafiestas cariño-Chilló Ashley-Saben que necesito ayuda con esa escena, y como ustedes son esposos, es más fácil verlos actuando a ustedes.
-Sí, pero la que tiene que actuar de esposa enfurecida eres tú-Sonrió Zac abranzadola-
-A las niñas le entretienen-Dijo Miles sonriendo-
-Es cierto-Dijo Jenny.
-Sii,Mi papi tiene Razon.-Ann corriendo abrazando a su padre-
-Sí, muy divertido, cuando Ashley los pone a ensayar sus escenas de teatro a ustedes y no a nosotros, no los entretiene tanto ¿Verdad?-Preguntó Vanessa
Zac cogio a Jenny besandole la mejilla-Mientras Saco sonrisas,por mi todo bien.
-Mejor se van a acostar, niñas,porque mañana hay escuela-Les dijo Ashley-
Cuando ya todos estaban dormidos,Vanessa estaba en el balcon mirando las estrellas
-¿En que piensas?-Pregunto Zac apareciendo detras de ella.
-En lo feliz que estoy-Respondio dando la vuelta,besandolo..
-Yo tambien-beso-estoy-beso-feliz-Zac murmurando en sus labios
-Vamos-beso-a la-beso-cama
-Apartandola-Con gusto Mi señora-Sonriendo Zac la cargó..
Meses Despues
Asi Fue Como La Venganza me llevó,sin saberlo, a lo que yo mas queria en el mundo, si en 5 años atras me hubieran preguntado a como yo me veria hoy,jamas se me pasaria por la cabeza que estaria con una familia,Mi Familia,con Vanessa,Dios como Amo a esa mujer,Jenny la niña quien mas Adoro,quien yo daria todo por ellas dos,bueno tres,ahora viene otro niño a la familia..a la familia quien yo creé Efron Hudgens.
-Zac...-Vanessa mirandolo con complicidad-
-Jajaja Bueno,bueno la familia que los dos creamos-riendo Zac
-Asi esta Mejor-Sonriendo-Te Amo Zac
-Yo Te Amo Mas Nessa-
- Zaac!-De momento grito mi nombre con la mirada perdida-
-¿Que pasa?¿Estas Bien?-asustado vi que ella tomaba su mano en la enorme barriga en donde estaba nuestro niño..
-Ya Viene..nuestro hijo! Muevete y llevame al hospital pero ahora!
-O_o
Att.
La Familia Efron Hudgens:Zac,Vanessa,Jenny y nuestro nuevo miembro Michael Efron Hudgens
Fin
Se que fue un asco el epilogo pero Que tal les parecio?
La hize yo,ya que no me gustaba como terminaba la novela,sin epilogos..
Y pues me inspire un poco e invente esta espero que les haya gustado mucho
Y Este es el final! D:
Esta y Entre el odio y el deseo son mis favoritas novelas!
Y acabaron :(
Aun me queda esta El Efecto del Amor y a los que no lo han leido
Aqui les dejo el link
http://zacyness-novelas.blogspot.com/
Muchas a Gracias a los que me comentan siempre,a Lalii,Alice y a todos los lectores fantasma que me siguen :)
XoXoXo
El despiadado magnate estaba dispuesto a seducir a la rica heredera para vengarse. Peligrosamente guapo, Zac Efron lo tenía todo: poder, dinero y mujeres dispuestas a caldear su cama. Pero había algo que anhelaba más que todo eso: ¡vengarse de la familia Hudgens! ¿Y qué mejor venganza que seducir a la inocente Vanessa Hudgens para luego repudiarla? Ojo por ojo; corazón por corazón. Pero cuando la fría y calculada venganza se transformó en tórrida pasión, decidió retenerla junto a él.
domingo, 27 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Capitulo 17 u_u
Contemplando un nuevo amanecer. Vanessa reflexionó sobre la extraña percepción del tiempo que se tenía en situaciones extremas. La noche en la sala de espera del hospital de París se le hizo eterna y sin embargo, el día anterior, despertando en la cama que todavía conservaba el olor de Zac, parecía haber transcurrido hacía unas horas.
Las palabras que le había dicho entonces reverberaban en su mente: Parece que estemos destinados a causarte dolor. En aquel instante, mientras esperaba sentada en la vacía sala de espera, resultaban premonitorias.
En el hospital de Rouen no habían podido tratar a Zac. La bala había destrozado varias costillas y le había perforado el pulmón. Lo habían estabilizado en la ambulancia, pero necesitaba ser operado de urgencia. Vanessa siguió al vehículo en un coche de policía. El único sentimiento que atravesaba la niebla de su mente era el de la culpabilidad. En realidad no creía tener derecho a seguirlo, puesto que él no la amaba, era su propio egoísmo lo que la obligaba a permanecer junto a él por el mayor tiempo posible.
Una robusta enfermera con expresión preocupada apareció ante ella con una amable sonrisa. Vanessa no apartó los ojos de un reloj de pared, temiendo colapsar si no mantenía sus emociones bajo un férreo control.
El Senor EfroN había salido del quirófano hacia unos minutos. Sus heridas, aunque graves, no eran mortales y, milagrosamente, su corazón estaba intacto.
Vanessa asintió. Esa parte de la información la conocía. Era su corazón el que había resultado herido.
—Ha preguntado por usted, querida —dijo la enfermera.
Vanessa por fin se decidió a mirarla y vio que la contemplaba con expresión compasiva.
—¿De verdad? —musitó.
La enfermera sonrió abiertamente.
—En cuanto ha despertado de la anestesia ha intentado levantarse —sacudió la cabeza—. Insistía en hablar con usted. Tiene la fuerza de diez hombres. Es un superviviente nato.
Nessa fue apresuradamente a la habitación de Zac consciente de que tenía un aspecto deplorable, pero impulsada por la pequeña chispa de esperanza que la enfermera había prendido al describir la actitud de Zac.
Entubado y rodeado de máquinas, yacía dormido. Y Vanessa sintió un amor desbordado al ver la expresión tranquila de su rostro. Vacilante, le acarició el interior del brazo.
El se volvió al instante, como si estuviera esperándola. Expectante, Vanessa lo observó volver de un lugar de sombras y dolor. Zac flexionó los dedos y musitó:
—Veronique…
Aunque Vanessa siguió acariciándole el brazo, el resto de su cuerpo quedó paralizado. —Necesito… Veronique…
Nessa sintió náuseas. La enfermera no tenía por qué saber que su nombre no era Veronique, que no era por ella por quien Zac preguntaba. Retiró la mano como si le quemara al tiempo que Zac intentaba incorporarse y quitarse el gota a gota. Nessa dio un paso atrás, llevándose una mano a la boca cuando la maquina que lo monitorizaba empezó a emitir un agudo pitido. El rostro de Zac se contorsionó en una mueca de dolor. Sus labios pronunciaban la misma palabra una y otra vez:
—Veronique.
Por el pasillo se oyeron pisadas aproximándose. Dos enfermeras irrumpieron en la habitación y fueron hacia él, tranquilizándolo, comprobando las conexiones, apretando botones. Vanessa, en el umbral de la puerta, se sintió una impostora. Debía marcharse. Ya. Pero…
—¿Nessa? ¡Cariño, por fin te encuentro!
Por un instante, creyó estar alucinando, pero se encontró aprisionada en un abrazo. Ashley.
—¡Cariño, menos mal! Miles está al borde de la histeria. He venido en cuanto supimos lo de Philippe. ¡Ha debido ser espantoso!
Cuando Ashley la sacó suavemente de la habitación, el dique que contenía el llanto de Vanessa se rompió. Ashley la abrazó y consoló, hasta que Vanessa sintió los ojos hinchados y doloridos y la chaqueta de Ashley estuvo empapada.
—Oh, Ash —dijo con la voz rota—, ha sido espantoso. ¡Cuánto me alegro de que hayas venido!
—Y yo de estar aquí. Vamos al hotel. Necesitas descansar.
Vanessa se mordió los labios para contener el llanto y asintió.
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—¿Qué hora es?
Ashley sonrió.
—Las ocho y medía.
—¡He dormido todo el día! —dijo Vanessa frotándose los ojos.
—Y toda la noche. Lo necesitabas.
Ashley cruzó el dormitorio del hotel y abrió las cortinas para dejar entrar el sol.
—Son las ocho del domingo.
Vanessa se incorporó al tiempo que se retiraba el cabello de la cara. En cuanto la realidad se hizo un hueco en su consciencia, sintió el mismo dolor que el día anterior.
—¿Zac? —preguntó angustiada—. ¿Cómo está?
Ashley se acercó a la cama y posó una mano en su hombro.
—Está bien. Miles ha llamado hace media hora, después de hablar con el hospital y Zac evoluciona muy bien. No debes preocuparte.
Vanessa se dejó caer sobre las almohadas y desvió la mirada.
—Estoy bien.
—Yo no estoy tan segura —dijo Ashley con dulzura—. Has pasado por una experiencia muy dolorosa y sería mejor que hablaras de ello.
—No tengo nada que decir. He vuelto a equivocarme —miró a Ashley con los ojos humedecidos—. Me he enamorado de alguien que me estaba utilizando. Aunque esta vez es aún peor, porque él está enamorado de una tal Veronique.
Ashley sacudió la cabeza con expresión de incredulidad.
—Cariño, me refería a lo que sucedió con Philippe; al disparo —hizo una pausa—. Voy a hacer café, y quiero que me cuentes todo desde el principio.
Y así, rodeando la taza con sus manos. Vanessa comenzó con la primera noche en Londres, cuando Zac la había devuelto a la vida; y continuó con la casa en Francia, donde Zac,al calor del fuego, la había estrechado en sus brazos mientras ella desnudaba su alma ante él.
Ashley escuchó sin interrumpir.
—Ha sido tan súbito e intenso —musitó Vanessa al tiempo que Ashley le quitaba la taza vacía y la dejaba sobre la mesilla—, y al mismo tiempo tan…perfecto, que creía que era de verdad —esbozó una sonrisa llena de tristeza—. Ahora que sé que sólo fingía, todo parece ridículo. Me sedujo para vengarse de mi familia.
Ashley sacudió la cabeza con decisión.
—De ser así, lo habrías intuido.
Los ojos de Vanessa eran dos pozos de desesperación.
—¿Por qué? Con Dan no fui capaz de verlo. Y en La Manoir, Zac lo dijo.
Por primera vez, Ashley pareció impacientarse.
—¡Dale una oportunidad, Nessa! No puedes juzgarlo por lo que dijera mientras se enfrentaba a un psicópata armado.
Vanessa apretó las rodillas contra el pecho y apoyó la cabeza en ellas.
—Lo sé —gimió—. He querido pensar que sólo era una estrategia para distraer a Philippe, pero ¿por qué elegiría provocarlo?
Ashley habló con ternura.
—Está claro: porque te ama.
Vanessa se quedó inmóvil, intentando asimilar lo que Ashley sugería. Finalmente, alzó la cabeza y con voz trémula, dijo:
—Pero preguntaba por Veronique…
—Puede que estés equivocada. Podría tratarse de su hermana.
—No tiene hermanas.
Llamaron a la puerta.
—O su secretaria. El caso es que, por lo que cuentas, merece que tengas un poco de fe —sonriendo, fue hacia la puerta—. Aquí está el desayuno.
En su ausencia, Vanessa quiso creer en la nueva perspectiva que Ashley había planteado. Su teoría era de una maravillosa lógica, pero…
—Nessa,cariño, unos hombres quieren verte.
Sorprendida, Nessa levantó la cabeza al tiempo que Ashley hacía pasar a los dos gendarmes que la habían acompañado al hospital el día anterior.
Estaban allí para notificarle que el cuerpo de Philippe Delacroix había sido encontrado en un edificio abandonado de St Laurien. Se había suicidado.
Vanessa se sintió aliviada.
También le dieron las llaves de su coche y explicaron que el Aston Martin de Zac había sido recogido por la empresa de alquiler. A continuación, el más bajo de los dos, se acercó con una bolsa de una exclusiva tienda de París, y se la entregó al tiempo que se ruborizaba violentamente.
—Encontraron esto en el coche del señor Efron.
En cuanto salieron, Ashley corrió junto a Nessa.
—¿A qué esperas? ¿Qué hay dentro.?
Vanessa abrió la bolsa como si temiera encontrar una serpiente. Lentamente, sacó un paquete envuelto en un delicado papel de seda rosa.
Dentro, había un par de preciosas braguitas de seda de un maravilloso color verde oscuro, con un lazo de satén plateado. Ashley y ella se quedaron contemplándolas, admiradas.
—¡Vaya! —dijo finalmente Ashley—. ¡Es un hombre con mucho gusto!
A aquél le siguieron varios paquetes con una ropa interior tan colorida, que la cama terminó pareciendo un arco iris.
—¿Quién tenía razón? —exclamó Ashley al concluir, con gesto triunfal.
Antes de que Vanessa pudiera responder, llegó el resto del desayuno con una selección de periódicos del domingo que Ashley dejó sobre la cama.
—¿Té o café? —preguntó, animada. Al no recibir respuesta de Vanessa, continuó—: Si estás demasiado aturdida por el amor, tendré que elegir yo —sirvió café en dos tazas y se volvió hacia Vanessa.
La sonrisa abandonó sus labios.
Más tarde, describió la expresión de Nessa como la de alguien que acabara de recibir la noticia de padecer una enfermedad terminal. Cualquier aliento de vida había desaparecido de su rostro.
Ashley fue precipitadamente a ver la portada del periódico en la que Vanessa clavaba la mirada. Dame de la Croix las observaba con serena indiferencia.
—¿Cómo han…? ¿Quién habrá…?
La desconcertada pregunta murió en sus labios al leer bajo el titular lo que Vanessa ya había leído: Veronique Lemercier.
Ahogando un juramento, Ashley fue a tomar el periódico, pero Vanessale adelantó, asiéndolo como un alcohólico su botella.
—Nessa, no lo leas, por favor…
—¡Déjame! —gritó Vanessa, fuera de sí.
Ashley supo que no tenía sentido enfrentarse a ella; la observó abrir la página con manos temblorosas y leer. Acercándose angustiada, leyó por encima del hombro de Vanessa.
Veronique Lemercier era una vieja conocida de Zac Efron, comenzaba el artículo. Ashley habría querido arrancarle el periódico de las manos, pero sabía que no tenía sentido. Suspirando, continuó con la lectura.
Confirmaba todos los temores de Vanessa. El artículo detallaba con emoción cómo la autora había ayudado a Zac a lo largo de los años en sus pesquisas para conseguir el único cuadro que había sobrevivido al incendio que había destruido la carrera artística de su padre.
A mitad de página, Ashley dejó de leer y maldijo entre dientes. Entonces notó quet enía los puños apretados y que se clavaba las uñas en las palmas. A su lado, Vanessa dejó escapar un gemido de dolor al llegar a la misma línea:
Había quedado a comer con Zac en París el día que le dispararon. Jamás había llegado tarde a una cita…
Nessa se estremeció cuando Ashley le acarició la cabeza. Alzó la mirada con expresión vacía.
—Así que era a ella a quien iba a ver —volvió la vista hacia la cama—. Todo esto era para ella —se deslizó de debajo de las sábanas como sí pudieran contaminarla—. Es a ella a quien ama, no a mí.
Ashley abrió la boca, pero la cerró sin decir nada. Se había equivocado al ayudarla a conservar la esperanza. La verdad estaba escrita en aquel largo artículo en un periódico de tirada nacional. Lo único que podía hacer a partir de ese momento, era ayudarla a superar el golpe.
Ya el proximo Capitulo es el final D: y tiene un epílogo es inventada por mi no se si es buena,pero como no tenia el epilogo pues me lo invente!
Cuando lo publico? No lo se..creo que sera el Domingo o el Lunes :))
XoXo
Las palabras que le había dicho entonces reverberaban en su mente: Parece que estemos destinados a causarte dolor. En aquel instante, mientras esperaba sentada en la vacía sala de espera, resultaban premonitorias.
En el hospital de Rouen no habían podido tratar a Zac. La bala había destrozado varias costillas y le había perforado el pulmón. Lo habían estabilizado en la ambulancia, pero necesitaba ser operado de urgencia. Vanessa siguió al vehículo en un coche de policía. El único sentimiento que atravesaba la niebla de su mente era el de la culpabilidad. En realidad no creía tener derecho a seguirlo, puesto que él no la amaba, era su propio egoísmo lo que la obligaba a permanecer junto a él por el mayor tiempo posible.
Una robusta enfermera con expresión preocupada apareció ante ella con una amable sonrisa. Vanessa no apartó los ojos de un reloj de pared, temiendo colapsar si no mantenía sus emociones bajo un férreo control.
El Senor EfroN había salido del quirófano hacia unos minutos. Sus heridas, aunque graves, no eran mortales y, milagrosamente, su corazón estaba intacto.
Vanessa asintió. Esa parte de la información la conocía. Era su corazón el que había resultado herido.
—Ha preguntado por usted, querida —dijo la enfermera.
Vanessa por fin se decidió a mirarla y vio que la contemplaba con expresión compasiva.
—¿De verdad? —musitó.
La enfermera sonrió abiertamente.
—En cuanto ha despertado de la anestesia ha intentado levantarse —sacudió la cabeza—. Insistía en hablar con usted. Tiene la fuerza de diez hombres. Es un superviviente nato.
Nessa fue apresuradamente a la habitación de Zac consciente de que tenía un aspecto deplorable, pero impulsada por la pequeña chispa de esperanza que la enfermera había prendido al describir la actitud de Zac.
Entubado y rodeado de máquinas, yacía dormido. Y Vanessa sintió un amor desbordado al ver la expresión tranquila de su rostro. Vacilante, le acarició el interior del brazo.
El se volvió al instante, como si estuviera esperándola. Expectante, Vanessa lo observó volver de un lugar de sombras y dolor. Zac flexionó los dedos y musitó:
—Veronique…
Aunque Vanessa siguió acariciándole el brazo, el resto de su cuerpo quedó paralizado. —Necesito… Veronique…
Nessa sintió náuseas. La enfermera no tenía por qué saber que su nombre no era Veronique, que no era por ella por quien Zac preguntaba. Retiró la mano como si le quemara al tiempo que Zac intentaba incorporarse y quitarse el gota a gota. Nessa dio un paso atrás, llevándose una mano a la boca cuando la maquina que lo monitorizaba empezó a emitir un agudo pitido. El rostro de Zac se contorsionó en una mueca de dolor. Sus labios pronunciaban la misma palabra una y otra vez:
—Veronique.
Por el pasillo se oyeron pisadas aproximándose. Dos enfermeras irrumpieron en la habitación y fueron hacia él, tranquilizándolo, comprobando las conexiones, apretando botones. Vanessa, en el umbral de la puerta, se sintió una impostora. Debía marcharse. Ya. Pero…
—¿Nessa? ¡Cariño, por fin te encuentro!
Por un instante, creyó estar alucinando, pero se encontró aprisionada en un abrazo. Ashley.
—¡Cariño, menos mal! Miles está al borde de la histeria. He venido en cuanto supimos lo de Philippe. ¡Ha debido ser espantoso!
Cuando Ashley la sacó suavemente de la habitación, el dique que contenía el llanto de Vanessa se rompió. Ashley la abrazó y consoló, hasta que Vanessa sintió los ojos hinchados y doloridos y la chaqueta de Ashley estuvo empapada.
—Oh, Ash —dijo con la voz rota—, ha sido espantoso. ¡Cuánto me alegro de que hayas venido!
—Y yo de estar aquí. Vamos al hotel. Necesitas descansar.
Vanessa se mordió los labios para contener el llanto y asintió.
-----------------------------
—¿Qué hora es?
Ashley sonrió.
—Las ocho y medía.
—¡He dormido todo el día! —dijo Vanessa frotándose los ojos.
—Y toda la noche. Lo necesitabas.
Ashley cruzó el dormitorio del hotel y abrió las cortinas para dejar entrar el sol.
—Son las ocho del domingo.
Vanessa se incorporó al tiempo que se retiraba el cabello de la cara. En cuanto la realidad se hizo un hueco en su consciencia, sintió el mismo dolor que el día anterior.
—¿Zac? —preguntó angustiada—. ¿Cómo está?
Ashley se acercó a la cama y posó una mano en su hombro.
—Está bien. Miles ha llamado hace media hora, después de hablar con el hospital y Zac evoluciona muy bien. No debes preocuparte.
Vanessa se dejó caer sobre las almohadas y desvió la mirada.
—Estoy bien.
—Yo no estoy tan segura —dijo Ashley con dulzura—. Has pasado por una experiencia muy dolorosa y sería mejor que hablaras de ello.
—No tengo nada que decir. He vuelto a equivocarme —miró a Ashley con los ojos humedecidos—. Me he enamorado de alguien que me estaba utilizando. Aunque esta vez es aún peor, porque él está enamorado de una tal Veronique.
Ashley sacudió la cabeza con expresión de incredulidad.
—Cariño, me refería a lo que sucedió con Philippe; al disparo —hizo una pausa—. Voy a hacer café, y quiero que me cuentes todo desde el principio.
Y así, rodeando la taza con sus manos. Vanessa comenzó con la primera noche en Londres, cuando Zac la había devuelto a la vida; y continuó con la casa en Francia, donde Zac,al calor del fuego, la había estrechado en sus brazos mientras ella desnudaba su alma ante él.
Ashley escuchó sin interrumpir.
—Ha sido tan súbito e intenso —musitó Vanessa al tiempo que Ashley le quitaba la taza vacía y la dejaba sobre la mesilla—, y al mismo tiempo tan…perfecto, que creía que era de verdad —esbozó una sonrisa llena de tristeza—. Ahora que sé que sólo fingía, todo parece ridículo. Me sedujo para vengarse de mi familia.
Ashley sacudió la cabeza con decisión.
—De ser así, lo habrías intuido.
Los ojos de Vanessa eran dos pozos de desesperación.
—¿Por qué? Con Dan no fui capaz de verlo. Y en La Manoir, Zac lo dijo.
Por primera vez, Ashley pareció impacientarse.
—¡Dale una oportunidad, Nessa! No puedes juzgarlo por lo que dijera mientras se enfrentaba a un psicópata armado.
Vanessa apretó las rodillas contra el pecho y apoyó la cabeza en ellas.
—Lo sé —gimió—. He querido pensar que sólo era una estrategia para distraer a Philippe, pero ¿por qué elegiría provocarlo?
Ashley habló con ternura.
—Está claro: porque te ama.
Vanessa se quedó inmóvil, intentando asimilar lo que Ashley sugería. Finalmente, alzó la cabeza y con voz trémula, dijo:
—Pero preguntaba por Veronique…
—Puede que estés equivocada. Podría tratarse de su hermana.
—No tiene hermanas.
Llamaron a la puerta.
—O su secretaria. El caso es que, por lo que cuentas, merece que tengas un poco de fe —sonriendo, fue hacia la puerta—. Aquí está el desayuno.
En su ausencia, Vanessa quiso creer en la nueva perspectiva que Ashley había planteado. Su teoría era de una maravillosa lógica, pero…
—Nessa,cariño, unos hombres quieren verte.
Sorprendida, Nessa levantó la cabeza al tiempo que Ashley hacía pasar a los dos gendarmes que la habían acompañado al hospital el día anterior.
Estaban allí para notificarle que el cuerpo de Philippe Delacroix había sido encontrado en un edificio abandonado de St Laurien. Se había suicidado.
Vanessa se sintió aliviada.
También le dieron las llaves de su coche y explicaron que el Aston Martin de Zac había sido recogido por la empresa de alquiler. A continuación, el más bajo de los dos, se acercó con una bolsa de una exclusiva tienda de París, y se la entregó al tiempo que se ruborizaba violentamente.
—Encontraron esto en el coche del señor Efron.
En cuanto salieron, Ashley corrió junto a Nessa.
—¿A qué esperas? ¿Qué hay dentro.?
Vanessa abrió la bolsa como si temiera encontrar una serpiente. Lentamente, sacó un paquete envuelto en un delicado papel de seda rosa.
Dentro, había un par de preciosas braguitas de seda de un maravilloso color verde oscuro, con un lazo de satén plateado. Ashley y ella se quedaron contemplándolas, admiradas.
—¡Vaya! —dijo finalmente Ashley—. ¡Es un hombre con mucho gusto!
A aquél le siguieron varios paquetes con una ropa interior tan colorida, que la cama terminó pareciendo un arco iris.
—¿Quién tenía razón? —exclamó Ashley al concluir, con gesto triunfal.
Antes de que Vanessa pudiera responder, llegó el resto del desayuno con una selección de periódicos del domingo que Ashley dejó sobre la cama.
—¿Té o café? —preguntó, animada. Al no recibir respuesta de Vanessa, continuó—: Si estás demasiado aturdida por el amor, tendré que elegir yo —sirvió café en dos tazas y se volvió hacia Vanessa.
La sonrisa abandonó sus labios.
Más tarde, describió la expresión de Nessa como la de alguien que acabara de recibir la noticia de padecer una enfermedad terminal. Cualquier aliento de vida había desaparecido de su rostro.
Ashley fue precipitadamente a ver la portada del periódico en la que Vanessa clavaba la mirada. Dame de la Croix las observaba con serena indiferencia.
—¿Cómo han…? ¿Quién habrá…?
La desconcertada pregunta murió en sus labios al leer bajo el titular lo que Vanessa ya había leído: Veronique Lemercier.
Ahogando un juramento, Ashley fue a tomar el periódico, pero Vanessale adelantó, asiéndolo como un alcohólico su botella.
—Nessa, no lo leas, por favor…
—¡Déjame! —gritó Vanessa, fuera de sí.
Ashley supo que no tenía sentido enfrentarse a ella; la observó abrir la página con manos temblorosas y leer. Acercándose angustiada, leyó por encima del hombro de Vanessa.
Veronique Lemercier era una vieja conocida de Zac Efron, comenzaba el artículo. Ashley habría querido arrancarle el periódico de las manos, pero sabía que no tenía sentido. Suspirando, continuó con la lectura.
Confirmaba todos los temores de Vanessa. El artículo detallaba con emoción cómo la autora había ayudado a Zac a lo largo de los años en sus pesquisas para conseguir el único cuadro que había sobrevivido al incendio que había destruido la carrera artística de su padre.
A mitad de página, Ashley dejó de leer y maldijo entre dientes. Entonces notó quet enía los puños apretados y que se clavaba las uñas en las palmas. A su lado, Vanessa dejó escapar un gemido de dolor al llegar a la misma línea:
Había quedado a comer con Zac en París el día que le dispararon. Jamás había llegado tarde a una cita…
Nessa se estremeció cuando Ashley le acarició la cabeza. Alzó la mirada con expresión vacía.
—Así que era a ella a quien iba a ver —volvió la vista hacia la cama—. Todo esto era para ella —se deslizó de debajo de las sábanas como sí pudieran contaminarla—. Es a ella a quien ama, no a mí.
Ashley abrió la boca, pero la cerró sin decir nada. Se había equivocado al ayudarla a conservar la esperanza. La verdad estaba escrita en aquel largo artículo en un periódico de tirada nacional. Lo único que podía hacer a partir de ese momento, era ayudarla a superar el golpe.
Ya el proximo Capitulo es el final D: y tiene un epílogo es inventada por mi no se si es buena,pero como no tenia el epilogo pues me lo invente!
Cuando lo publico? No lo se..creo que sera el Domingo o el Lunes :))
XoXo
lunes, 21 de mayo de 2012
Capitulo 16
Era como un sueño, o una película. Antes de que el eco del disparo se ahogara. Vanessa palpaba el cuello de Zac en busca de pulso mientras la mancha roja de su camisa se agrandaba como un capullo de rosa abriendo sus pélalos. Cerró los ojos y dio un trémulo suspiro al encontrar un débil pulso. Luego alzó la mirada. Philippe estaba de pie, paralizado, con el brazo en el que sostenía el rifle estirado en un extraño ángulo, casi como si pretendiera que no tenía nada que ver con él. Vanessa notó que su rostro estaba deformado en una mueca de desconcierto, pero estaba demasiado preocupada por Zac como para prestarle más atención.
Zac,Zac,Zac,cuya cara tenía el blanco color de la muerte, cuya cálida sangre le manchaba las manos. Zax, que no la amaba, que la había utilizado.
Y en medio de aquella pesadilla, eso era lo único real, el único dato que había quedado grabado en su mente.
Con manos temblorosas buscó el móvil en los bolsillos de Zac. Lo encontró y lo miró con expresión vacía. No sabía usarlo.
—Mira…
Zac había abierto los ojos. Su voz fue apenas un susurro. Con un esfuerzo sobrehumano, levantó una mano y cuando Vanessa le dio el teléfono, alzó la cabeza apretando los dientes con gesto de dolor. Ella le puso las rodillas de almohada y Zac tras presionar unos botones, le devolvió el teléfono.
Por segunda vez en el mismo número de días, Vanessa se encontró llamando a una ambulancia.
Zac cerró los ojos y Vanessa se preguntó cuánto resistiría.
Philippe había desaparecido sin que ella lo notara y el único sonido que se oía en la habitación era la respiración entrecortada de Zac. No sabía qué hacer, se sentía como si fuera tragada por arenas movedizas.
No la amaba, la había utilizado. Desde el principio sabía quién era. La odiaba.
—Vanessa… —Zac la miraba con ojos febriles, el rostro contraído en una mueca de dolor—. Lo que he dicho antes… —cerró los ojos. Cada palabra salía de su boca como si fuera una cuchilla corlándole la garganta.
Vanessa posó la mano en su mejilla.
—Shhh —musitó, sacudiendo la cabeza—. No hables.
El pánico empezaba a apoderarse de ella. La respiración de Zac se hacía más difícil con cada segundo que pasaba. Sin saber qué otra cosa hacer, le abrió la camisa para dejarle la herida al descubierto. Por un instante, su belleza la apabulló. Su piel, tan blanca como el mármol, le daba la apariencia de una escultura. La mancha escarlata resultaba extrañamente hermosa.
Pero la gravedad de la situación la asaltó de inmediato. Inclinándose hacía adelante, observó la herida.
—Para… la sangre…
Tuvo la sensación de haber hablado en alto. La voz de Zac sonó ronca, ni siquiera pudo abrir los ojos. Pero seguía vivo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó ella.
—Aprieta…fuerte.
Vanessa sintió los helados dedos de Zac cerrarse sobre los de ella, al tiempo que le colocaba la mano sobre el corazón. Una lanza se clavó en el de ella. Lo odiara o no en aquel instante, lo cierto era que lo amaba y ese sentimiento era tan incontenible como la sangre que brotaba del pecho de Zac. Y era igualmente doloroso.
Poco a poco, las facciones de Zac se relajaron, y las líneas de dolor de su entrecejo se difuminaron. Con el paso de los minutos, los rincones de la habitación fueron conquistados por la sombra, la mano de Bella se quedó entumecida apretando el pecho de Zac, y su mundo quedó reducido al rápido latir de su corazón y a su agitada respiración.
Cuando percibió por el reflejo en las paredes, la luz azul de la ambulancia, casi le desilusionó saber que tendría que dejarle ir.
Zac se deslizaba entre el sueño y la vigilia y en su mundo la única realidad eran las sensaciones físicas. El duro suelo bajo la espalda, el frío invadiendo sus huesos, la mano de Vanessa. Y el dolor. El dolor por encima de todo lo demás. Lo paralizaba, le impedía hablar. Necesitaba decirle a Vanessa que lo que le había dicho a Delacroix era mentira, pero apenas podía respirar y sabía que debía permanecer inmóvil y ahorrar oxígeno si es que quería sobrevivir.
Y tenía que sobrevivir para hacer y decir muchas cosas. «Te Amo». Haciendo acopio de fuerzas, abrió los ojos. El rostro de Vanessa inclinándose sobre él. Lloraba.
Zac frunció el ceño.
—No…llores —el pecho le ardía y hablar le quemaba, pero tenía que decirlo—. Te…
Vanessa se separaba de él.
—Ya están aquí —susurró.
Zac sintió un calor recorrerle el brazo y luego, de nuevo, la oscuridad.
Hola,se que esta corto u_u pero no me maten! xD
Quiero dejarlas asi con intriga xD
Hahah,pero en el prox capi esta mejor :))
Las Quiiero,Cuidense!
Zac,Zac,Zac,cuya cara tenía el blanco color de la muerte, cuya cálida sangre le manchaba las manos. Zax, que no la amaba, que la había utilizado.
Y en medio de aquella pesadilla, eso era lo único real, el único dato que había quedado grabado en su mente.
Con manos temblorosas buscó el móvil en los bolsillos de Zac. Lo encontró y lo miró con expresión vacía. No sabía usarlo.
—Mira…
Zac había abierto los ojos. Su voz fue apenas un susurro. Con un esfuerzo sobrehumano, levantó una mano y cuando Vanessa le dio el teléfono, alzó la cabeza apretando los dientes con gesto de dolor. Ella le puso las rodillas de almohada y Zac tras presionar unos botones, le devolvió el teléfono.
Por segunda vez en el mismo número de días, Vanessa se encontró llamando a una ambulancia.
Zac cerró los ojos y Vanessa se preguntó cuánto resistiría.
Philippe había desaparecido sin que ella lo notara y el único sonido que se oía en la habitación era la respiración entrecortada de Zac. No sabía qué hacer, se sentía como si fuera tragada por arenas movedizas.
No la amaba, la había utilizado. Desde el principio sabía quién era. La odiaba.
—Vanessa… —Zac la miraba con ojos febriles, el rostro contraído en una mueca de dolor—. Lo que he dicho antes… —cerró los ojos. Cada palabra salía de su boca como si fuera una cuchilla corlándole la garganta.
Vanessa posó la mano en su mejilla.
—Shhh —musitó, sacudiendo la cabeza—. No hables.
El pánico empezaba a apoderarse de ella. La respiración de Zac se hacía más difícil con cada segundo que pasaba. Sin saber qué otra cosa hacer, le abrió la camisa para dejarle la herida al descubierto. Por un instante, su belleza la apabulló. Su piel, tan blanca como el mármol, le daba la apariencia de una escultura. La mancha escarlata resultaba extrañamente hermosa.
Pero la gravedad de la situación la asaltó de inmediato. Inclinándose hacía adelante, observó la herida.
—Para… la sangre…
Tuvo la sensación de haber hablado en alto. La voz de Zac sonó ronca, ni siquiera pudo abrir los ojos. Pero seguía vivo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó ella.
—Aprieta…fuerte.
Vanessa sintió los helados dedos de Zac cerrarse sobre los de ella, al tiempo que le colocaba la mano sobre el corazón. Una lanza se clavó en el de ella. Lo odiara o no en aquel instante, lo cierto era que lo amaba y ese sentimiento era tan incontenible como la sangre que brotaba del pecho de Zac. Y era igualmente doloroso.
Poco a poco, las facciones de Zac se relajaron, y las líneas de dolor de su entrecejo se difuminaron. Con el paso de los minutos, los rincones de la habitación fueron conquistados por la sombra, la mano de Bella se quedó entumecida apretando el pecho de Zac, y su mundo quedó reducido al rápido latir de su corazón y a su agitada respiración.
Cuando percibió por el reflejo en las paredes, la luz azul de la ambulancia, casi le desilusionó saber que tendría que dejarle ir.
Zac se deslizaba entre el sueño y la vigilia y en su mundo la única realidad eran las sensaciones físicas. El duro suelo bajo la espalda, el frío invadiendo sus huesos, la mano de Vanessa. Y el dolor. El dolor por encima de todo lo demás. Lo paralizaba, le impedía hablar. Necesitaba decirle a Vanessa que lo que le había dicho a Delacroix era mentira, pero apenas podía respirar y sabía que debía permanecer inmóvil y ahorrar oxígeno si es que quería sobrevivir.
Y tenía que sobrevivir para hacer y decir muchas cosas. «Te Amo». Haciendo acopio de fuerzas, abrió los ojos. El rostro de Vanessa inclinándose sobre él. Lloraba.
Zac frunció el ceño.
—No…llores —el pecho le ardía y hablar le quemaba, pero tenía que decirlo—. Te…
Vanessa se separaba de él.
—Ya están aquí —susurró.
Zac sintió un calor recorrerle el brazo y luego, de nuevo, la oscuridad.
Hola,se que esta corto u_u pero no me maten! xD
Quiero dejarlas asi con intriga xD
Hahah,pero en el prox capi esta mejor :))
Las Quiiero,Cuidense!
miércoles, 2 de mayo de 2012
Capitulo 15
ZAC sintió un gran alivio al estrechar la mano del director del museo del Louvre. La Dame de la Croix descansaba sobre un caballete, en el otro lado del despacho, y Olivier se volvió una última vez para despedirse de ella.
Julien había accedido a la sugerencia de Zac con la misma calma con la que había soportado todos los reveses de la vida. Cuando le ofreció ver el cuadro, su padre dijo que no necesitaba hacerlo porque cada detalle estaba grabado en su mente. Y Zac pensando en Vanessa desnuda sobre el sofá, comprendió a la perfección.
—Una vez más, señor Efron. Es una magnífica obra.
Las condiciones de la donación exigían que no se exhibiera hasta que transcurrieran cinco años tras la muerte de Philippe Delacroix, Genevieve Hudgens y Julien Efron.
Zadc se despidió con un gesto de la cabeza y recorrió los largos corredores de mármol hacia la puerta principal tan deprisa como pudo. Tenía tiempo de sobra antes de comer con Veronique para que no publicara el artículo. Estaba impaciente por acabar y volver a casa. A Le moulin, junto a Vanessa.
Mientras observaba las exclusivas tiendas de París, llenas de joyas y ropa de diseño, pertenecientes a un mundo en el que hasta hacía unos días había habitado, le llamó la atención un pequeño escaparate Art Nouveau en el que unos maniquíes de aspecto anticuado exhibían una divertida colección de ropa interior. Zac se detuvo ante ella y sonrió. Era la única tienda que no le resultó superflua.
Olas… playas de arena blanca… palmeras…
Vanessa cruzó la habitación de la puerta a la ventana. Temía perder el control; sabía que no podía dejarse vencer por la histeria que amenazaba con sofocarla. Debía conservar la calma, no perder la razón a pesar de que estar encerrada en la habitación de un solitario cháteau con un peligroso loco no tenía nada de tranquilizador.
El día anterior había intuido que Philippe Delacroix tenía una personalidad obsesiva y excéntrica, pero ni por un instante podía haber imaginado el odio y el rencor que sentía hacia Julien Efron. De haberlo sabido, jamás se le habría ocurrido aparecer en su puerta, con la ingenua intención de hacerle arrepentirse.
La tensión se le agarró a la garganta al mirar una vez más por la ventana confiando en ver acercarse un Aston Martin. ¿Dónde estaría Zac? Philippe no había querido creerla cuando le dijo que no sabía su número de teléfono, y al explicarle que se conocían desde hacía poco tiempo, se dio cuenta de la fragilidad de los lazos que los unían.
El hecho de que no supiera qué estaba haciendo o cuándo volvería, era prueba de ello. Estiró las mangas de su jersey para cubrir sus heladas manos, y se deslizó por la pared hasta el suelo. Mientras las sombras se adueñaban de los rincones de la habitación, apoyó la cabeza en las rodillas y recordó cada delicioso momento que había pasado con Zac.
Fue mucho más eficaz que cualquier estúpida playa.
Zac estaba esperando a que la dependienta hiciera el paquete cuando lo llamó su ayudante personal y le dio un mensaje que lo llenó de un inexplicable temor.
La salida de París se le había hecho eterna. Atrapado en el tráfico, su mente había dado vueltas a las posibles implicaciones de recibir una llamada de Philippe Delacroix. Según Alicia, había sonado enfadado y nervioso, y quería que Zac fuera inmediatamente a Le Manoir, donde Vanessa «lo esperaba».
Y que llevara el cuadro.
El sol se ponía cuando finalmente detuvo el Aston Martin delante de Le Manoir con un chirrido de frenos. El dominio de sí mismo que había mantenido hasta aquel instante estaba a punto de abandonarlo. Pensaba obsesivamente que Delacroix no se atrevería a hacer daño a Vanessa.
Durante todo el recorrido había tratado de convencerse de que ésa era una idea absurda, pero en aquel momento esa idea impedía que cualquier otra ocupara su cabeza. No podía racionalizar una situación que implicara a Vanessa, el cuadro y a Delacroix. Lo mirara como lo mirara, era una combinación explosiva.
Por experiencia propia, Zac sabía que el hermano mayor de Genevieve estaba obsesionado con el pasado, que no estaba en su sano juicio. Y quizá, aunque no quisiera creerlo, podía ser peligroso.
Subió las escaleras de piedra de dos en dos y embistió la puerta con el hombro. Al segundo intento, se abrió.
Cruzó el vestíbulo de mármol llamando a Vanessa. Se detuvo y aguzó el oído. Al cabo de unos segundos, cuando el eco remitió, le pareció oír una respuesta sofocada.
Aliviado, corrió escaleras arriba. Estaba a medio camino cuando oyó una voz a su espalda.
—Señor Efron, es usted tan mal educado como su padre. ¿No le han enseñado a llamar a la puerta?
Zac se giró lentamente. Philippe Delacroix lo miraba desde las sombras. Iba vestido con un anticuado traje de caza, con bombachos y chaqueta de tweed.
Por una fracción de segundo, Zac sintió lástima por la reliquia en la que se había convertido, pero al instante, pudo más el odio.
—¿Dónde está Nessa? —preguntó con frialdad.
—Esperándote. Podrás verla cuando me des lo que te he pedido —dijo Delacroix, con tanta calma como si hablaran de un cachorro—. Asumo que has traído el cuadro. Si no, Vanessa tendrá que esperar, y como mi hermana, es una mujer muy impaciente —echó la cabeza atrás y dejó escapar una estentórea carcajada—. Además de tener una afición similar por las clases bajas.
Zac tuvo la tentación de bajar y partirle la cara, pero le importaba más el ruido que provenía de una de las puertas de la planta superior, acompañada por una voz apagada. La de Nessa.
De dos zancadas, alcanzó el descansillo y recorrió el corredor abriendo puertas, llamando a Vanessa. Finalmente, llegó a una que estaba cerrada con llave.
—¡Zac, estoy aquí! —gritó Vanessa.
—¡Sepárate de la puerta! —avisó Zac.
No cedió tan rápido como la de entrada, pero la urgencia de la situación multiplicó la fuerza de Zac, que consiguió abrirla al cuarto intento.
Vanessa estaba en el centro de la habitación, tapándose con la mano la boca y los ojos desorbitadamente abiertos. Por un instante se quedaron paralizados, y Zac tuvo que contenerse para no estrecharla en sus brazos y besarla hasta hacerle perder el sentido.
—¡Has venido! —dijo ella con voz quebradiza—. Lo siento, yo…
Calló bruscamente. Detrás de ella se había abierto una puerta secreta y, Philippe Delacroix apareció como un villano de pantomima.
—He dicho que esperaras.
Hubiera dado risa de no ser porque bajo su ridícula apariencia, se apreciaba una personalidad siniestra. Asió a Vanessa del brazo y sólo entonces Zac se dio cuenta de que en la otra mano llevaba un rifle.
—¿Por qué ya nadie obedece órdenes? —continuó Delacroix con tono de hastío—. ¡Así está la sociedad! Cuando la gente obedecía a sus superiores la vida era mucho más sencilla.
—¿Qué haces, Delacroix?
—Lo sabes perfectamente, Efron. Te dije que antes de ver a Vanessa tendrías que darme el cuadro —Philippe sacudió la cabeza y Zac vio un destello de demencia en su mirada—. Estás muy equivocado si crees que puedes desobedecerme.
—No tengo el cuadro —dijo Zac, crispado.
Notó una mirada encendida de Nessa.
—Sabe que lo tienes, Zac. Se lo he dicho. Lo siento. No sabía… No creía que…
—¿Lo ves? —dijo Delacroix, triunfal, gesticulando con el rifle, que brilló en la penumbra—. No vale la pena que mientas, Efron. Tú tienes lo que yo quiero y… —apuntó a Vanessa con el rifle —yo tengo lo que tú quieres. Es muy sencillo: Dame el cuadro y yo le daré a la chica.
La mente de Zac funcionaba aceleradamente. Entornó los ojos mientras calculaba la distancia que lo separaba de Philippe y Nessa. Estaba demasiado lejos para quitarle el rifle y cualquier movimiento brusco podía acarrear terribles consecuencias. Tenía que encontrar la manera de distraerlo para conseguir liberar a Vanessa.
Se encogió de hombros con indiferencia.
—Está bien, lo tengo, pero no pienso dártelo.
Vanessa exhaló un suspiro de incredulidad. No mirarla supuso un esfuerzo de proporciones hercúleas para Zac.
Vanessa sintió el terror apoderarse de ella y pensó que se desmayaría. Mantuvo la mirada fija en Zac como si fuese una tabla de salvación, pero la frialdad de su rostro le produjo un escalofrío al tiempo que el perímetro de su visión se difuminaba. Ni siquiera notó el cañón del rifle presionándole el costado.
—Reflexiona, Efron —masculló Philippe en un tono estremecedor.
Zac había dado medía vuelta.
—No lo necesito —dijo con indiferencia—. Ya no hay trato, Delacroix. Llevo años buscando ese cuadro y no pienso desprenderme de él. Por nadie.
Vanessa juntó las manos y se las llevó a la barbilla con la mirada extraviada. La traición de Zac anestesió cualquier otra emoción, hasta el punto que la presión del rifle contra las costillas le pareció insignificante.
—Así que la has utilizado igual que tu padre utilizó a mi hermana —dijo entre dientes Delacroix.
El tiempo se detuvo. Un denso silencio se adueñó de la oscura habitación y Vanessa tuvo la sensación de estar bajo el agua mientras esperaba la contestación de Olivier.
—Sí, la he utilizado —dijo él finalmente, frunciendo el ceño con un gesto distante, indiferente.
En aquel instante Vanessa no pudo concebir haber besado aquellos sensuales labios ni haberse derretido en éxtasis entre aquellos poderosos brazos. Sus palabras la golpearon como un martillo, convenciéndola de que todo había sido un sueño.
—La he utilizado para vengarme de ti —continuó Zac, desdeñoso, al tiempo que daba un paso hacia ellos—. Sólo quería poseer aquello que le fue negado a mi padre. Ha sido una pura y simple venganza.
Vanessa oyó su propio gemido de dolor, pero súbitamente fue consciente de que ya no sentía el rifle en su costado. Y luego todo sucedió precipitadamente: una serie de acciones en cadena aparentemente aisladas. Vio el brillo del metal, un errático movimiento de Phillippe a su lado, su rugido de rabia al apuntar a Zac.
Y entonces creyó que se le desgarraba el corazón al percibir a cámara lenta cómo Zac se abalanzaba sobre él con el brazo estirado para desviar el rifle. Un ruido distinto a cualquier otro. Un ruido demasiado nítido como para no ser real. Y finalmente, Olivier cayendo al suelo con una mancha escarlata en el pecho. Sobre el corazón.
.......................................FIN...................................
Naah,mentira xD
Hahah pero si estamos en los ultimos capitulos culminantes
Por eso estoy publicando seguido esta nove..ademas de que hace tiempo
Que no lo publicaba xD
¿Que sucedera con Zac? U_U
Espero muchos comentarios :D
xAstridx
Julien había accedido a la sugerencia de Zac con la misma calma con la que había soportado todos los reveses de la vida. Cuando le ofreció ver el cuadro, su padre dijo que no necesitaba hacerlo porque cada detalle estaba grabado en su mente. Y Zac pensando en Vanessa desnuda sobre el sofá, comprendió a la perfección.
—Una vez más, señor Efron. Es una magnífica obra.
Las condiciones de la donación exigían que no se exhibiera hasta que transcurrieran cinco años tras la muerte de Philippe Delacroix, Genevieve Hudgens y Julien Efron.
Zadc se despidió con un gesto de la cabeza y recorrió los largos corredores de mármol hacia la puerta principal tan deprisa como pudo. Tenía tiempo de sobra antes de comer con Veronique para que no publicara el artículo. Estaba impaciente por acabar y volver a casa. A Le moulin, junto a Vanessa.
Mientras observaba las exclusivas tiendas de París, llenas de joyas y ropa de diseño, pertenecientes a un mundo en el que hasta hacía unos días había habitado, le llamó la atención un pequeño escaparate Art Nouveau en el que unos maniquíes de aspecto anticuado exhibían una divertida colección de ropa interior. Zac se detuvo ante ella y sonrió. Era la única tienda que no le resultó superflua.
Olas… playas de arena blanca… palmeras…
Vanessa cruzó la habitación de la puerta a la ventana. Temía perder el control; sabía que no podía dejarse vencer por la histeria que amenazaba con sofocarla. Debía conservar la calma, no perder la razón a pesar de que estar encerrada en la habitación de un solitario cháteau con un peligroso loco no tenía nada de tranquilizador.
El día anterior había intuido que Philippe Delacroix tenía una personalidad obsesiva y excéntrica, pero ni por un instante podía haber imaginado el odio y el rencor que sentía hacia Julien Efron. De haberlo sabido, jamás se le habría ocurrido aparecer en su puerta, con la ingenua intención de hacerle arrepentirse.
La tensión se le agarró a la garganta al mirar una vez más por la ventana confiando en ver acercarse un Aston Martin. ¿Dónde estaría Zac? Philippe no había querido creerla cuando le dijo que no sabía su número de teléfono, y al explicarle que se conocían desde hacía poco tiempo, se dio cuenta de la fragilidad de los lazos que los unían.
El hecho de que no supiera qué estaba haciendo o cuándo volvería, era prueba de ello. Estiró las mangas de su jersey para cubrir sus heladas manos, y se deslizó por la pared hasta el suelo. Mientras las sombras se adueñaban de los rincones de la habitación, apoyó la cabeza en las rodillas y recordó cada delicioso momento que había pasado con Zac.
Fue mucho más eficaz que cualquier estúpida playa.
Zac estaba esperando a que la dependienta hiciera el paquete cuando lo llamó su ayudante personal y le dio un mensaje que lo llenó de un inexplicable temor.
La salida de París se le había hecho eterna. Atrapado en el tráfico, su mente había dado vueltas a las posibles implicaciones de recibir una llamada de Philippe Delacroix. Según Alicia, había sonado enfadado y nervioso, y quería que Zac fuera inmediatamente a Le Manoir, donde Vanessa «lo esperaba».
Y que llevara el cuadro.
El sol se ponía cuando finalmente detuvo el Aston Martin delante de Le Manoir con un chirrido de frenos. El dominio de sí mismo que había mantenido hasta aquel instante estaba a punto de abandonarlo. Pensaba obsesivamente que Delacroix no se atrevería a hacer daño a Vanessa.
Durante todo el recorrido había tratado de convencerse de que ésa era una idea absurda, pero en aquel momento esa idea impedía que cualquier otra ocupara su cabeza. No podía racionalizar una situación que implicara a Vanessa, el cuadro y a Delacroix. Lo mirara como lo mirara, era una combinación explosiva.
Por experiencia propia, Zac sabía que el hermano mayor de Genevieve estaba obsesionado con el pasado, que no estaba en su sano juicio. Y quizá, aunque no quisiera creerlo, podía ser peligroso.
Subió las escaleras de piedra de dos en dos y embistió la puerta con el hombro. Al segundo intento, se abrió.
Cruzó el vestíbulo de mármol llamando a Vanessa. Se detuvo y aguzó el oído. Al cabo de unos segundos, cuando el eco remitió, le pareció oír una respuesta sofocada.
Aliviado, corrió escaleras arriba. Estaba a medio camino cuando oyó una voz a su espalda.
—Señor Efron, es usted tan mal educado como su padre. ¿No le han enseñado a llamar a la puerta?
Zac se giró lentamente. Philippe Delacroix lo miraba desde las sombras. Iba vestido con un anticuado traje de caza, con bombachos y chaqueta de tweed.
Por una fracción de segundo, Zac sintió lástima por la reliquia en la que se había convertido, pero al instante, pudo más el odio.
—¿Dónde está Nessa? —preguntó con frialdad.
—Esperándote. Podrás verla cuando me des lo que te he pedido —dijo Delacroix, con tanta calma como si hablaran de un cachorro—. Asumo que has traído el cuadro. Si no, Vanessa tendrá que esperar, y como mi hermana, es una mujer muy impaciente —echó la cabeza atrás y dejó escapar una estentórea carcajada—. Además de tener una afición similar por las clases bajas.
Zac tuvo la tentación de bajar y partirle la cara, pero le importaba más el ruido que provenía de una de las puertas de la planta superior, acompañada por una voz apagada. La de Nessa.
De dos zancadas, alcanzó el descansillo y recorrió el corredor abriendo puertas, llamando a Vanessa. Finalmente, llegó a una que estaba cerrada con llave.
—¡Zac, estoy aquí! —gritó Vanessa.
—¡Sepárate de la puerta! —avisó Zac.
No cedió tan rápido como la de entrada, pero la urgencia de la situación multiplicó la fuerza de Zac, que consiguió abrirla al cuarto intento.
Vanessa estaba en el centro de la habitación, tapándose con la mano la boca y los ojos desorbitadamente abiertos. Por un instante se quedaron paralizados, y Zac tuvo que contenerse para no estrecharla en sus brazos y besarla hasta hacerle perder el sentido.
—¡Has venido! —dijo ella con voz quebradiza—. Lo siento, yo…
Calló bruscamente. Detrás de ella se había abierto una puerta secreta y, Philippe Delacroix apareció como un villano de pantomima.
—He dicho que esperaras.
Hubiera dado risa de no ser porque bajo su ridícula apariencia, se apreciaba una personalidad siniestra. Asió a Vanessa del brazo y sólo entonces Zac se dio cuenta de que en la otra mano llevaba un rifle.
—¿Por qué ya nadie obedece órdenes? —continuó Delacroix con tono de hastío—. ¡Así está la sociedad! Cuando la gente obedecía a sus superiores la vida era mucho más sencilla.
—¿Qué haces, Delacroix?
—Lo sabes perfectamente, Efron. Te dije que antes de ver a Vanessa tendrías que darme el cuadro —Philippe sacudió la cabeza y Zac vio un destello de demencia en su mirada—. Estás muy equivocado si crees que puedes desobedecerme.
—No tengo el cuadro —dijo Zac, crispado.
Notó una mirada encendida de Nessa.
—Sabe que lo tienes, Zac. Se lo he dicho. Lo siento. No sabía… No creía que…
—¿Lo ves? —dijo Delacroix, triunfal, gesticulando con el rifle, que brilló en la penumbra—. No vale la pena que mientas, Efron. Tú tienes lo que yo quiero y… —apuntó a Vanessa con el rifle —yo tengo lo que tú quieres. Es muy sencillo: Dame el cuadro y yo le daré a la chica.
La mente de Zac funcionaba aceleradamente. Entornó los ojos mientras calculaba la distancia que lo separaba de Philippe y Nessa. Estaba demasiado lejos para quitarle el rifle y cualquier movimiento brusco podía acarrear terribles consecuencias. Tenía que encontrar la manera de distraerlo para conseguir liberar a Vanessa.
Se encogió de hombros con indiferencia.
—Está bien, lo tengo, pero no pienso dártelo.
Vanessa exhaló un suspiro de incredulidad. No mirarla supuso un esfuerzo de proporciones hercúleas para Zac.
Vanessa sintió el terror apoderarse de ella y pensó que se desmayaría. Mantuvo la mirada fija en Zac como si fuese una tabla de salvación, pero la frialdad de su rostro le produjo un escalofrío al tiempo que el perímetro de su visión se difuminaba. Ni siquiera notó el cañón del rifle presionándole el costado.
—Reflexiona, Efron —masculló Philippe en un tono estremecedor.
Zac había dado medía vuelta.
—No lo necesito —dijo con indiferencia—. Ya no hay trato, Delacroix. Llevo años buscando ese cuadro y no pienso desprenderme de él. Por nadie.
Vanessa juntó las manos y se las llevó a la barbilla con la mirada extraviada. La traición de Zac anestesió cualquier otra emoción, hasta el punto que la presión del rifle contra las costillas le pareció insignificante.
—Así que la has utilizado igual que tu padre utilizó a mi hermana —dijo entre dientes Delacroix.
El tiempo se detuvo. Un denso silencio se adueñó de la oscura habitación y Vanessa tuvo la sensación de estar bajo el agua mientras esperaba la contestación de Olivier.
—Sí, la he utilizado —dijo él finalmente, frunciendo el ceño con un gesto distante, indiferente.
En aquel instante Vanessa no pudo concebir haber besado aquellos sensuales labios ni haberse derretido en éxtasis entre aquellos poderosos brazos. Sus palabras la golpearon como un martillo, convenciéndola de que todo había sido un sueño.
—La he utilizado para vengarme de ti —continuó Zac, desdeñoso, al tiempo que daba un paso hacia ellos—. Sólo quería poseer aquello que le fue negado a mi padre. Ha sido una pura y simple venganza.
Vanessa oyó su propio gemido de dolor, pero súbitamente fue consciente de que ya no sentía el rifle en su costado. Y luego todo sucedió precipitadamente: una serie de acciones en cadena aparentemente aisladas. Vio el brillo del metal, un errático movimiento de Phillippe a su lado, su rugido de rabia al apuntar a Zac.
Y entonces creyó que se le desgarraba el corazón al percibir a cámara lenta cómo Zac se abalanzaba sobre él con el brazo estirado para desviar el rifle. Un ruido distinto a cualquier otro. Un ruido demasiado nítido como para no ser real. Y finalmente, Olivier cayendo al suelo con una mancha escarlata en el pecho. Sobre el corazón.
.......................................FIN...................................
Naah,mentira xD
Hahah pero si estamos en los ultimos capitulos culminantes
Por eso estoy publicando seguido esta nove..ademas de que hace tiempo
Que no lo publicaba xD
¿Que sucedera con Zac? U_U
Espero muchos comentarios :D
xAstridx
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